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(Este reto de escritura consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE BRONCE; Anabel Samani, Ángel, Angélica Rodríguez, Antonio Jimenez, Aurora Rapun, Aurora Roger Torlá, Avalle Rei, bifrosth, Carla Guerrero, Carles Leo, David Coloma García, Diana Rosa Conti, Do.Lobera, Francisco Velandia, Isan Bairu, Javier Puchades, Javier Sánchez Bernal, JFV, jm vanjav, José Torma, Julissa E., Levannath Esther, Lorenzo, Luis J. Goróstegui, Maite López, María, Mercedes Menéndez Aguirre, Minerva Hernández García, MJ RU1Z, Nuria de Espinosa, Pilar Alejos Martínez, Sònia G. Puchal y Sonia Nievas.

 

¡Enhorabuena a todas/os!

Abril:

Joven, princesa y música.

 

 

Erase una vez un reino maldito. En el reino había un castillo rodeado de zarzas. Y en el castillo una princesa dormida. Contaba la leyenda que quien lograse romper el hechizo se quedaría con el reino y con la princesa. Muchos caballeros lo intentaron, solo uno lo consiguió. Pero cuando la joven despertó declaró que abdicaba para convertirse en bardo. El caballero se convirtió en rey y ella se marchó con su música.
Por Adella Brac.

 

En mi tierra es muy frecuente llamar a las mujeres como reinas. Nada de princesa, directamente reina, a lo grande. Hola, reina ¿Cómo estás, reina? Normalmente se dice en mallorquín, pero también en castellano. Dicen que los mallorquines hablamos como si cantáramos. O sea que hacemos música al hablar. También se dice rey a los hombres, sea joven o viejo, pero no tanto. Pues eso, adiós reyes y reinas que habéis tenido la paciencia de leer esto.
Por Lorenzo.

 

Era una quinceañera más en este mundo baldío, pero eso no me impedía sentirme como una auténtica princesa cada vez que oía música mientras fumaba un porro. Si, ya sé que soy demasiado joven para fumar esta porquería, sin embargo, no sé cómo podría soportar la mísera vida del orfelinato. ¡ Quizás cuando salga lo consiga!
—Cuidado, se acerca el señor Tomás.
Lancé el porro por la ventana, la próxima vez tendría más cuidado. O tal vez no. La jerga de este mundo no va conmigo.
Por Nuria de Espinosa, del blog Entre luces y sombras.

 

Au revoir, Cinderella reza el cartel de la pequeña tienda de frutas. Sólo abre de noche y su clientela es de lo más singular: una joven de capucha roja y su lobo, siete enanitos mineros, un muchacho que toca con su flauta una música subyugante, una princesa de piel blanca como la nieve, un chaval de nariz larga, algunas ancianas con sus escobas… No, a mí no me asustan; me apodan el ogro, así que ya podéis imaginar. Además tiene los mejores precios del barrio.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

Érase una vez una fuente mágica que no dejaba de tocar una bella canción. La princesa de aquellos lares adoraba esa fuente y cada día acudía a acompañar su canción con su violín. La música que tocaban juntos era bellísima pero no era perfecta. Ella pensaba que no encontraba los acordes exactos y se frustraba. Una mañana, se encontró con un joven que tocaba una cítara. Pero también faltaba algo. Sacó su violín y entre los tres consiguieron tocar una melodía maravillosa.
Por Do.lobera, del blog Do.Lobera.

 

Es sabido que, en estas tierras, la música tiene un efecto mágico. Todo joven sueña con oír esa melodía que lo lleve lejos, a vivir destinos más interesantes. Pero no siempre el cambio es positivo. Hubo una princesa a la que le gustaban las notas melancólicas de la viola de un juglar. Cierta mañana, ella desapareció. Se dice que se fugó con el sujeto. Pero nadie pudo explicar de dónde vino el enorme instrumento de cuerdas que hallaron en sus aposentos.
Por Cyn Romero, del blog El frasco de historias.

 

Cuando era aún muy joven, una princesa se enamoró de mí. Luego, sin más, me dijo adiós. Ahora trabajo como encantador de serpientes. El alcalde de un pueblo vecino me contrató para que solucionase un problema tan complicado que humilló a los más expertos. Tuve que a hilar muy fino para solucionarlo, pero el regidor se negó a pagar lo acordado. Enfurecido, agarré mi instrumento de viento, y mi música hizo desaparecer a esos niños que me seguían entusiasmados al son de mi flauta.
Por Aurora Roger Torlá.

 

Paseo por la casa ahora vacía, y cada habitación por la que pisan mis pies se va iluminando con los recuerdos vividos hace años en ellas. Al llegar a la puerta de la que fue mía por todos los años de mi infancia, una leve música empieza a sonar, incluso antes de entrar. Al asomarme la veo, en medio de la estancia, la cajita con la joven princesa dando vueltas al son de la musiquita.
Por Aria Martínez, del blog Eris Morgenstern.

 

En el salón de palacio, la música se eleva cadenciosa, sensual, y la joven princesa, gustándose, se deja envolver. Baila con los ojos cerrados, al tiempo que gira, sus manos dibujan con gracia el aire imaginando caricias de príncipes ausentes. Mientras, ranas sin encantar la rodean. Frustradas por unos sueños en los que no son besadas.
Por Ángel.

 

Embelesado mira a su princesa, con suavidad la arrulla. Ella llora y es música para sus oídos. Quiere congelar el momento, detener el reloj. Aspira fuertemente y al abrir los ojos, su niña es una jovencita que le pide el auto para ir al cine. Sonríe y vuelve a pestañear. Su hija le presenta a un joven de aspecto serio que, nervioso, le pide su mano; ríe, mas por dentro llora. Cierra los ojos y al abrirlos, está cargando a una nueva princesa que pronto le llamará, abuelo.
Por Jose Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Solo tenía una certeza en la vida. Cuando joven soñó que con su música conquistaría a una princesa. Así, salió a recorrer el mundo. Los pueblos, y luego las ciudades, fueron su escenario. Cantó sobre todo y casi todos. Sobre lo bueno y lo incorrecto. Conoció a las mujeres, pero nunca el amor. Y de lo único que siempre estuvo seguro fue que si se detenía sus anhelos nunca se cumplirían. Por eso, mientras la horca lo sofocaba, movía sus pies.
Por Francisco Velandia, del blog Pacho escribe.

 

El recuerdo de aquellos ojos seguía pareciéndole música celestial a su maltrecho corazón. Y, sin embargo, lo había tratado de borrar de un plumazo; ella no debía ser más la princesa de su cuento de hadas, una historia sin principio ni final. Por otro lado, él sentía que tampoco era aquel joven dispuesto a luchar por un amor inalcanzable. Respiró profundo una vez más y comenzó la cuenta atrás como había ensayado tantas veces: diez, nueve, ocho, siete, seis…
Por Javier Sánchez Bernal, del blog La buhardilla de Tristán.

 

Ellos eran una joven pareja, de esas que se encuentran en las plazas, de las que se aman hasta en el aleteo de un colibrí. Él la trataba cual si fuera una princesa del reino más importante del universo. El amor se los llevó a recorrer el infinito a través de la expansión de su música indescriptible.
Por Sonia Nievas.

 

El jardín lucía esplendoroso con gran diversidad, la fuente con flores de loto y otras variedades acuáticas, todo el derredor cubierto con verde grama y bancos ubicados entre la arboleda. En un banco, peinado su pelo negro con rizos estaba Alicia. Un joven caminaba por el bosquecillo y al verla pensó que era una princesa y comenzó a tocar su violín. Alicia encantada al escuchar la música de bella melodía de un violín, camino por el jardín tratando de descubrir de donde procedía.
Por Minerva Hernández García.

 

La música hipnotizaba al vecindario con Édith Piaf. «La vida en rosa» se colaba por las puertas entreabiertas y acompañaba a la clara mañana. Una joven que observaba por la ventana comenzó a cantar con cierta alegría. Entonaba muy bien; por consiguiente, nadie se quejó. Ella vestía como una princesa, con un disfraz que su padre le había regalado. En su mano llevaba una varita mágica. Y la comenzó a agitar como si nada…
Por Juan Fernández Vicente, del blog «Poemas, por JFV».

 

El joven llegó al palacio en una calesa. Iba acompañado de su hermana mayor. Era su primer baile y estaba muy nervioso. Al entrar en la sala se oía ya la música. Asustado salió al jardín a respirar el aire fresco. Una linda joven se le acercó y le saludó. Él no sabía que era la princesa.
Por Federico, del blog Historia de la música electrónica popular.

 

PRINCESA
Corrió hasta perder el aliento. Todavía atronaba en su cabeza la música de aquel baile maldito. Las risas martilleaban sus sienes como un tambor. El joven se sentía sucio por fuera y por dentro. No había sabido contener su lengua y lo había echado todo a perder. Tantos años de control férreo, de normas, de discreción. Todo había saltado por los aires cuando eligió «verdad» y respondió con sinceridad a una sola pregunta.
—Y tú, ¿qué quieres ser de mayor?
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.

 

«Eres una princesa, esa, esa, con boca de fresa, esa esa…». La música retumbaba por el local donde la gente joven se reunía después de las doce. Todos en silencio con un vaso alto en la mano y mirada perdida, si acaso un pie o una mano tamborileando al ritmo de la música. Les sirvo copas los fines de semana y veo cómo sus almas se apagan. Qué pena, me digo mientras limpio la barra, y ésta es la generación que nos va a salvar a todos… Fuera sólo se escuchan de nuevo las sirenas.
Por Nahnnuk.

 

La empuñadura de su daga brillaba en la noche por el reflejo de las llamas de la hoguera del campamento. Ella danzaba alrededor del fuego al son de la música arábiga, haciendo volar su túnica en el aire. Joven, bella y temeraria. Diestra con la espada, se había ganado el respeto de aquellos mercenarios andalusíes y cristianos que la habían convertido en su princesa. Pero la flecha surcó el aire y ella cayó. Una represalia…
Por Daniel A.M., del blog La narrativa de Daniel A. M..

 

La música sonaba en el salón cuando la joven princesa oyó el estrépito de la gran lámpara al caer y aplastar al duque. Todos estaban conmocionados por el accidente, pero ella no. Casi no conocía al noble y, además, estaba demasiado intrigada: no se olvidaba del extraño comportamiento del chambelán durante la cena, siempre rondando cerca de la luz, ni de la mancha de aceite en su ropa. No había sido un accidente y ella lo demostraría. Su investigación ya había empezado.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Llegó la noche del estreno, el patio de butacas estaba lleno, en los palcos las mujeres lucían sus joyas y los hombres vestían trajes de etiqueta. La música de la orquesta sonaba mientras un apuesto joven cantaba un aria, dirigiéndose a una bella princesa. Al terminar la pieza, se fundieron en un beso y, tras unos segundos, comenzó a bajar el telón. El público ovacionaba y aplaudía entusiasmado. ¡Qué éxito tuvo aquella representación!
Por Mayte López, del blog Imágenes que escribo.

 

En el día de su mayoría de edad, la princesa debía elegir marido. Las semanas previas, jóvenes príncipes y viejos reyes viudos, de tierras cercanas o lejanas, venían a mostrarse cual pavos reales. Tras esas agotadoras jornadas conociendo nombres y alianzas fructíferas, la joven volvía al lecho de Mathias, el juglar que le enseño la magia de la música. En secreto, ya había decidido qué hacer cuando llegara el momento, alguien debía ser la primera en romper las tradiciones.
Por Antonio Jimenez, del blog Escribe y golpea.

 

Suena una música particular en esta casa donde todo parece o es normal. Entras y es una tan acogedora, bonita, clara y tiene cosas curiosas (como una colección de huevos con diversos colores en repisas). Sigue la música y trato de seguir el sonido hasta lograr llegar a un pasillo que tiene unas ventanas donde entraba la luz del sol y el paisaje ni hablar. Llegué donde la música era de allí; vi en la puerta era bien distinta con mucho «stickers» (soy una joven princesa real).
Por Levannath Esther Moreno.

 

La joven soñaba con que la música fuera el don más preciado que ella pudiera tener. Quería que su voz sonara transparente, con suavidad de pétalos de flor silvestre. En una ensoñación de tanto escuchar el agua entre las rocas, se sintió como una princesa y el lugar se envolvía con aromas de bosques, todo era mágico. Despertó y su corazón hecho clave de sol solo despidió a esa niña princesa que alguna vez intentó atrapar las notas de alguna canción.
Por Diana Rosa Conti.

 

Que no, que no te empeñes, que yo nunca voy a parecer una princesa, ni por físico ni por actitud que, mientras sea joven, mientras me sienta como tal, quiero vivir de esta música, este ritmo endiablado que me sale del corazón y de las tripas y, con el paso de los años… ¡el futuro lo dirá! aunque, casi estoy segura, princesa, princesa…, que no voy a ser capaz de tanto cambio.
Por Mercedes Menéndez Aguirre.

 

Desde antes de nacer mi destino estaba fijado. Sería rey. Cuando nací se rompieron las ilusiones de mi familia y del reino entero. Había nacido mujer, así que dijeron «será princesa». Me prepararon para las labores propias de la corte, bordado, música, fiestas de sociedad… pero no contaban con mi rebeldía. «Es joven, ya la educaremos», decían. En la puesta de largo conocí a otra princesa. Fue un amor a primera vista y el principio del fin de dos linajes.
Por Isan, del blog Una capa de barniz.

 

Llámame nostálgica si quieres, pero sigo emocionándome con la música, un poema o una bella historia de amor, como cuando era joven. Añoro esas caricias que me estremecían la piel o el palpitar de unos labios bajo la luna.
Aunque es inevitable que, de vez en cuando, me invada la melancolía. Después de tantos años, todavía no comprendo lo que sucedió aquella noche. Solo sé que soy una princesa de cuento desde que un bello príncipe me despertó de la resaca con aquel apasionado beso.
Por Pilar Alejos, del blog Vesos a flor de piel.

 

«Las historias también están hechas por las partes que no se cuentan», escribió Isaac en su última Hoja en Blanco.
El joven, que ya a penas lo era, imaginó los cuatro tomos que podrían escribirse con todo lo que él nunca había contado. No escaseaban sus fieros dragones y su bella princesa, su castillo encantado y su buen caballero de oxidada armadura; la irreberente música del bardo y el malbado hechicero.
Todo un mundo de fantasía engendrado a partir de silencios y medias verdades.
Por El historiador silencioso.

 

Fue un día maravilloso aquel de mis dieciséis cumpleaños. Todavía era princesa en aquella época, despreocupada y alegre. Rodeada de gente joven de mi edad, la música sonando a todo volumen por el palacio. Riendo con las amigas de toda la vida que ahora muchas ya no están.
A lo lejos tu mirada siguiendo mis pasos y tu sonrisa iluminando el camino.
Ahora lo sé, en ese momento fui feliz.
Lo tenía todo. Os tenía a todos.
Por Avalle Rei, del blog El mundo de Avalle Rei.

 

Sonó la música. Una, dos, tres veces… No pudo salir. Para una joven como ella hacer el papel de princesa resultaba excesivo.
«Mañana lo intentaré de nuevo», se dijo.
Por MJ RU1Z, del blog EleeaBooks.

 

A la princesa la raptó El Dragón de La Montaña cuando el avaricioso rey quiso matarlo.
El Sol se reflejaba en aquel risco de oro y La Luna hacía brillar sus incontables diamantes.
No hubo guerrero, ni mercenario siquiera, que no sucumbiera ante aquellos tesoros en el rescate de la joven; siendo por ello, fáciles rivales, para el viejo dragón.
Solo un humilde juglar, con su música, pudo a la bestia derrotar, al valorar el corazón de la muchacha más que ninguna otra posesión.
Por JM Vanjav, del blog jm vanjav hasta en 500 palabras +

 

La música envolvía el ambiente y como una joven princesa permanecía en la torre, esperando su destino. El tiempo libre proporcionado por las festividades vino acompañado de lluvia tras los cristales y esto le ofrecía el escenario perfecto para el tiempo de estudio que necesitaba, y recordaba la frase de Mahatma Gandhi “Estudia como si fueras a vivir siempre y vive como si fueras a morir mañana”
Por Carmen, del blog Propuestas and made.

 

La joven iba en una bicicleta verde y oxidada. Estaba sucia, en su rostro, las lágrimas dejaban un reguero de mugre. Su cabello grasiento y enmarañado, su vestido manchado y rasgado. Pedaleaba con una cadencia rítmica, clank, clank, clank… como si la bicicleta interpretara una música funesta y lúgubre. Ya no era «su princesa», había luchado, había sacado fuerzas de su interior y había sobrevivido, había huido de su reino de crueldad. Era una superviviente y una asesina, aunque si
Por Sònia G. Puchal.

 

El incesante tañido de las campanas enmudecía la música del órgano que había comenzado a sonar cuando ella hizo acto de presencia en la iglesia. La emoción embargaba a los asistentes. Era tan joven. Siempre había parecido una princesa.
La ceremonia se demoraba en su comienzo. El novio, impasible, permanecía en la puerta mientras la gente no cesaba de darle el pésame.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

De joven le atrapaba la música. Los caminos insospechados de la vida le llevaron a un lugar frío, hostil y con barrotes que cortaban su libertad y sus sueños. El encanto de la melodía le fascinaba al punto de trasladarle a otra galaxia mientras sus pies seguían anclados en el suelo. Hasta que los despegó. No, una princesa no nació para ese inframundo y puso fin a su agonía. Los mismos barrotes que la encarcelaban la liberaron, al dejar colgados balanceándose lentamente, sus pies.
Por Carla Guerrero, del blog Está escrito.

 

La caja de música era su deliciosa golosina soporífera mientras la bella princesa bailaba sin cesar. Como nacidas al unísono estuvieron siempre juntas. Ahora, cuando sentía que la vida se le escapaba y de joven nada tenía, su compañía era imprescindible. La cogió con sus dedos temblorosos para posarla en su regazo deseando dormirse sin volver a despertar.
Por Saricarmen, del blog Desde El Cielo.

 

Sigo el sonido de la música hacia el gran salón. Como todos los años se celebra en el palacio una gran fiesta para que el príncipe pueda encontrar una chica joven, linda, lista y digna de convertirse en princesa.
Muchas de las chicas aquí presentes quieren conquistar al príncipe para ser la futura reina.
Y aunque estoy vestida para la ocasión no he venido para ser reina, he venido a matar al príncipe y para vengar la muerte de mi familia.
Por Julissa E.

 

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