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(Este reto de escritura consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE PLATA; Diana Rosa Conti.

MEDALLA DE BRONCE; Pepe y Sargow.

 

¡Enhorabuena a todos!

Agosto:

Verdad, editores y mantener.

 

 

Dijo que era mejor mantener la boca cerrada. Que los antiguos editores habían desaparecido sin dejar rastro y que todo aquel que conociera la palabra que abre este libro maldito correría la misma suerte. Pero no me contó toda la verdad. He descubierto la manera de acceder al texto y a su sabiduría. El volumen es en realidad una entrada al Paraíso y la inmortalidad. La palabra que abre la puerta es…
Por Adella Brac.

 

La verdad está ahí afuera, decían en Expediente x. Puede ser, pero yo creo que está aquí dentro. Y me refiero a que, al final, cada uno asimila la verdad a su manera. Y no quiero decir que cada uno tenga su verdad porque me temo que verdad sólo hay una. Ahora bien, cada uno quiere mantener su punto de vista sobre una misma verdad. Y bueno, no sigo porque si tuviera editores y esto fuera parte de un libro, ya me habrían dicho que repito muchas veces la misma palabra, y es verdad.
Por Lorenzo.

 

Las cosas no podían estar peor, los directores estaban como fieras. Pidieron solucionar todo sin hacer cambios ni manchar la reputación de la revista. Eso implicaba mantener las publicaciones intactas en los temas más sensibles. Ahora la mentira era verdad porque la información se recibió de fuentes primarias; o eso fue lo que transmitimos los editores. Debo reconocer que, debido al apuro, no siempre efectuamos una cuidadosa verificación.
Por Óscar Quijada Reyes, del blog Unas páginas más.

 

Colocó sobre el escritorio el último folio que completaba la novela, pero en un descuido Wasabi lo apresó con sus garras para desmembrarlo primero y luego tragarlo.
Murakami procuró mantener la compostura aunque un agujero negro horadaba las paredes de su mente como consecuencia de la inminente entrega del manuscrito a los editores.
A partir de aquí, Wasabi perdió el cariño de su amo, lo que le obligó a visitar al taxidermista para contarle la verdad antes de cumplir el castigo.
Por Estrella Amaranto, de Blof Literario Amaranto.

 

Viento de popa, dijeron los promotores, ¡pues lancémonos al mar!, bramaron los escritores, ¡Alto!, advirtieron los maquetadores, debemos mantener la calma: aún no hay provisiones. Los correctores asintieron y añadieron: además, la cubierta está sucia, las velas roídas y la mesana es muy larga. Los directivos de marquetín bajaron la mirada, la verdad es que así no avanzaremos ni media milla. ¡Tranquilos!, gritaron los editores, buscad a los lectores; ellos remolcarán nuestra causa…
Por Pepe, del blog Entre unas cuatro esquinas.

 

Le han presentado una manzana envenenada en forma de talón en blanco y la verdad el dinero nunca sobra. Tomar decisiones y mantener la cabeza fría no es su fuerte, lo suyo es imaginar mundos, le cuesta y da vueltas a las cosas en la cabeza, para luego continuar dudando.
La última novela ha sido un trabajo de años. Es más que un hijo. Lo que él ha parido, no lo solucionan nueve meses y una cesárea. Y estos editores no se merecen un hijo suyo. ¿Oh si?
Por Ángel.

 

Pensamos que para mantener a la clases inferiores sometidas debíamos desarrollar los nuevos editores genéticos. Comenzamos con el color del cabello o los ojos, pero en verdad queríamos que nos dieran carta blanca para aplicar cambios, de forma encubierta, en la arquitectura límbica. Sus emociones nunca habrían sido tan previsibles. Aunque la Naturaleza intervino tras varias décadas. Ahora estamos atrapados en nuestras mansiones.
Por Carles Leo, del blog Curioso por vocación.

 

Los libros prohibidos tienen editores prohibidos. Ellos fueron los primeros en leer la verdad velada, que más tarde sería rasgada por los ojos de los lectores. Para mantener viva su memoria voy a comprar una imprenta en el mercado negro: un local fuera de la vista del mundo corriente, pero cercano a los textos paganos. Y no habrá lugar para los versículos falsos o a medio camino. Y no habrá paz para los malvados que escriben sin sentir… lo que vierten.
Por Juan Fernández Vicente, del blog «JFV, poemas de 24 kilates».

 

Estoy convencido de que mis editores no me han dicho la verdad. Acabo de superar una etapa de bloqueo que se ha extendido demasiado en el tiempo y he creído, ingenuamente, presentar una obra que merecía la pena. ¡Cuánta razón tienen quienes alertan de que mantener el nivel de exigencia es una tarea hercúlea! No sé qué será de mí ahora. ¿Habrá llegado el momento de reconocer la evidencia y dar un paso a un lado definitivamente?
Por Javier Sánchez Bernal, del blog La buhardilla de Tristán.

 

¡Es verano! ¿Tan difícil es comprender que quiera descansar?
No puedo mantener ese ritmo de escritura que mis editores me exigen.
En lo que va de año he completado tres novelas. Una de ellas ha sido best seller.
He hecho tropezar a los buenos, he pillado a los malos, he buscado la verdad y he repartido justicia allí donde más se necesitaba, me he devanado los sesos en busca de un final de traca.
¡Por favor! También los escritores necesitamos unas vacaciones.
Por Virtudes Torres, del blog Pétalos de relatos.

 

No es un secreto que la verdad que se escribe es la que le conviene al escribiente, los editores buscan, a fin de cuentas, ganar mayores ventas con cada libro publicado. Para los escritores mantener un buen ritmo de obras exitosas se ha vuelto una verdadera masacre de letras y frases reescritas. La obra que estaba sobre la mesa no fue la excepción que confirma la regla, desde la ventana un hombre mira el vacío sin verlo realmente, es el autor que espera.
Por Katalina Camus, del blog Ambiente virtual.

 

Eran una familia no muy sociable, la verdad: el padre acababa de publicar una novela de terror y ni los editores habían conseguido hablar con él en persona; con la madre, apenas un ‘buenas noches’ con los vecinos; el hijo iba a clases nocturnas y los profesores no podían mantener su mirada del miedo que daba el claval.
Sin embargo, entre ellos, eran una familia normal… a su modo.
―¿Papá, puedo dormir esta noche con la tumba abierta?
―Lo que te diga tu madre ―le respondió Drácula.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

Sus antiguos editores querían volver a publicarle y en las librerías hacía tiempo que sus libros se habían agotado. Todas las bibliotecas se empeñaban en mantener en su catálogo al menos una de sus obras, aunque los ejemplares acababan desapareciendo. Pero él llevaba ya un tiempo en el que solo escribía pequeños textos que regalaba en su entorno cercano, bien a amigos queridos que le apreciaban de verdad, o bien a desconocidos que no se le acercaban para aprovecharse de su talento.
Por Igor Rodtem, del blog Lo innombrable y yo.

 

¿La verdad? Los editores tienen un trabajo complicado para lograr mantener su historia congruente. Tantos arcos, personajes interactuando en una vorágine de acciones y discursos que solo una persona loca podría concebir. Los mira trabajar de reojo mientras, afuera, tras la ventana, nieva. Los grises cielos compiten con la oscuridad en su mente. Hoy cambiará la historia, hoy recuperará la cordura en cuanto escape, y así, ellos podrán al fin descansar.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

A pesar del dolor por su partida, Laura esbozó una sonrisa al sacar del cajón las viejas cartas que se escribieron durante años. A través de ellas se reencontraba con él en silencio. Mantener su recuerdo intacto releyendo aquellas líneas que, a decir verdad, se sabía de memoria era su objetivo. Tras muchas llamadas a distintos editores, por fin había conseguido que su historia de amor jamás tuviera final mientras alguien abriera las páginas de aquel libro que aún olía a imprenta.
Por Magdalena Barreto González, del blog Mi vida en retales.

 

Era incapaz de mantener el engaño por más tiempo. Había logrado pasar la barrera de los editores, pero no la de su conciencia. «Será doloroso y humillante enfrentarlos con la verdad», pensó; sin embargo, sabía que al liberarse de ese peso colosal encontraría paz y, quizás, la inspiración suficiente para comenzar una nueva novela, la propia. Una sonrisa iluminó su rostro. Cerró la puerta de casa y se dirigió a la editorial.
Por Saricarmen, del blog Desde el Cielo.

 

Los editores se empeñaron en mantener oculta la verdad. A mí no me pareció una buena idea y así se lo hice saber, al fin y al cabo era mi reputación la que estaba en juego, no la suya. Cierto es que pusieron precio a mi silencio y que acepté, y que mi boca permaneció sellada mientras mis vicios estuvieron cubiertos. Pero ya estoy harto, ha llegado la hora de desvelar el misterio. A no ser que alguien tenga algo que objetar, o una oferta interesante que proponer.
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.

 

Nunca se me ha dado bien decir la verdad. Esa característica, dicen mis editores, es la que hace que mis novelas sean un éxito. Para mi psicóloga es una condición que se puede curar. A veces dudo de seguir asistiendo a terapia porque prefiero mantener mis ingresos, sin embargo a la única persona que no le miento es a ella. Es un esfuerzo agotador. Ella me asegura que lo sabe y que se alegra por eso, pero cuando le digo que la amo, no me cree.
Por Francisco Velandia, del blog Pacho escribe.

 

En su libro buscaba contar toda la verdad que había quedado culta por los intereses de los vencedores. Era amarga, era sangrienta y no estaba en consonancia con lo que se decía.
Pronto lo terminaría pero no iría a buscar a sus editores. No podia si quería mantener toda la verdad intacta.
Autopublicar y lo dejaría en todos lados al alcance de todos aquellos que estuvieran dispuestos a leerlo.
Por Do.lobera, del blog Do.Lobera.

 

Planteo la duda de si alguna vez cuentan la verdad, si les da la razón cualquiera y se piensan que tienen el derecho de tomarnos el pelo, les da por mantener su historia sin demostrar contrastando la realidad, editores y ediciones que se piensan que cuentan su falsa escritura, sus letras de pacotilla y sus versos de cuentos de Pinocho, mentira convertida en realidad, historias para no dormir.
Por Carlos González.

 

¡Ya me están llamando otra vez, malditos editores! Se piensan que no tengo otra cosa que hacer, pero lo cierto es que ya voy tarde con el encargo mensual. Quién iba a pensar que sería tan difícil mantener el tirón de mi primer gran éxito con secuelas y segundas partes. A ver cómo me lo monto, porque la verdad es que nadie sabe que el ser que escondo en el sótano es el que lo ha hecho posible… ¡En vaya lío me he metido!
Por Nahnnuk.

 

«La verdad os hará libres», decían. Pero todo era mentira. Lo supe cuando descubrí la existencia de los editores: ellos manipularon el pasado. ¿Cómo voy a mantener ahora la cordura?
Deséame suerte, trazaré un plan para desenmascararlos…
Por MJ RU1Z, del blog Eleeabooks.

 

¿Cómo mantener la integridad cuando en materia de opinión se padece el síndrome del Traje Imperial? Son los grandes editores y las famosas casas de publicación los que determinan si la prenda tiene sustancia o no. Una vez estampado el sello del Emperador, los lectores perciben la luz radiante del vestido: porque, si no la ves, eres ignorante o estúpido. Puedes discrepar en la gravedad del trastorno, pero la verdad es que el escritor inédito siempre va desnudo.
Por p.emmerich, del blog p.emmerich escribe.

 

Se le habían quedado los ojos azules después de pasarse media vida mirando al cielo en pos de la verdad. Esa que te cambia la vida según te concede su gracia.
Al caer la noche, los editores de la verdad lo contemplaron desde los cielos y se carcajearon por la osadía del mortal. Funcionarios con ínfulas de grandeza, tratando de mantener su posición privilegio y poder.
El mortal, impasible ante el cacareo editorial, pulsó el botón de reinicio de sistema, oculto en la tapa de un bic.
Por Reiniciador de sistemas.

 

Sofía no comprendía porque el libro por el tanto se había esforzado por mantener se desvanecía como arena entre sus dedos. La verdad es que había perdido toda su inspiración y los demás editores sólo sabían exigirle para que terminara su obra. Desesperada y en medio de las lágrimas escribió. Dejó ir todo su corazón en ello y se dejó llevar. Pensó, soltó y dejó cada milímetro de sus pensamientos en esa nueva creación. Cuando terminó lo entregó y fue el libro más vendido.
Por Angélica Rodríguez, del blog Mis pensamientos vuelan.

 

«La verdad os hará libres», dijo Jesús a los judíos, pero a mí la verdad sólo me ha llevado delante de un montón de editores que me gritan sin parar. Trato de mantener la compostura para no venirme abajo porque sí, lo merezco. Por mi culpa publicaron un libro que yo había plagiado, pero ¿no es su culpa también por no haberlo comprobado antes?
Por Sargow, del blog Estantería compartida.

 

La hora de la verdad había llegado. Al fin, con su dedo índice, había puesto el punto final a su trabajo de los últimos meses. Ahora solo le quedaba esperar y mantener la cordura mientras los editores daban su veredicto. Solo una pregunta rondaba su mente… ¿había hecho bien en basar su historia en aquella leyenda? Solo los próximos días y si acaso las noticias de sucesos inexplicables le darían aquella respuesta.
Por Eris Morgenstern, del blog Eris Morgenstern.

 

En verdad, mantener la esencia de uno mismo en la obra que escribe puede resultar difícil cuando meten mano los editores. No se que sería de mí sin ellos, pero ese libro que lleva mi nombre no es el que yo escribí a solas en mi pequeño estudio demasiado caro para lo pequeño que era. Ese era mi sueño, publicar mi primera obra, pero no es mi obra, no es solo mía al menos, y ahora me reconcome la duda de si cedí demasiado, si me perdí a mi misma por mi sueño de publicar algo vendible.
Por Amanda Vilas, del blog Escondida entre nubes.

 

El humo les alertó y fueron raudos a la escena del crimen. Cuando llegaron todo estaba devastado.
—Comisario, es la sexta librería que arde en menos de una semana.
—Ángeles, esto es más serio de lo que me temía; es la ruina de los editores.
—Abuela ¿y qué hicisteis?
—Instalarnos en las cloacas, en aquella década la verdad fue muy cara de mantener.
Por David, de Blog de poesía y relatos.

 

Ese año las exposiciones de pociones en Villacaldero eran de lo más esperadas. Los alquimistas habían trabajado muy duro para descubrir nuevos elixires, pero saber la combinación exacta no era suficiente: debían probar las pociones con sus pupilos y demostrar la verdad de sus efectos. Nicoletta debía esforzarse mucho para mantener la buena reputación de su abuelo, no permitiría que nadie se cruzase en su camino. Sería ella a quien los editores pagarían y publicarían sus teorías.
Por Sandra Adrián.

 

La pantalla del móvil se ilumina una y otra vez. Mis editores insisten y, ante mi silencio, empiezan a impacientarse. Si quiero mantener los plazos de entrega y que el libro cumpla sus expectativas, no puedo perder la concentración. Los lectores merecen descubrir una historia llena de verdad, que les atrape desde la primera línea. Trabajo día y noche para cerrar todas las tramas sin dejar ningún cabo suelto. Eso sí, después de borrar todas las huellas que me delatan como el asesino.
Por Pilar Alejos Martínez, del blog Versos a flor de piel.

 

Los seres humanos, andan en un peregrinar traicionero, no pueden distinguir caminos que lleven a un vivir en cierta paz. Avanzan con incertidumbres, siendo editores de sus pensamientos para poder afrontar en verdad las marchas y contramarchas de su andar. Mantener valores, hacer frente al mal con bien, dar amor a cada paso y gestar la esperanza en cada uno de sus corazones será lo único que cuente para volver a empezar.
Por Diana Rosa Conti.

 

Se quemó al beber el café. No le dolió, «¿tendría tan entumecido el cuerpo como el alma?» pensó. Tenía que darse prisa si quería mantener su palabra y entregar a tiempo los datos a los editores. Hacía días que luchaba con su conciencia. Mil comprobaciones y siempre salía igual, niveles de azúcar estratosféricos. Sin embargo, volvió a ocultar la verdad una vez más y anotó en la plantilla: azúcar 0,1. Conservar su trabajo cada día era más parecido a vender el alma al diablo.
Por Amparo Rodríguez Frías.

 

Es difícil mantener en el tiempo la verdad oculta de los editores y las editoriales. Al principio, era un mundo casi secreto, pero ahora con tanta tecnología, ocultar algo es prácticamente imposible. Siempre hay alguien demasiado contento o descontento qué quiere hablar y lo hace de más. Por eso, cada día podemos descubrir un pedazo más del verdadero y fascinante mundo editorial e intentar introducirnos en él.
Por Avalle Rei, del blog El mundo de Avalle Rei.

 

La fotografía era su pasión. Cada imagen lograda dejaba de ser tal, cobraba vida al pasar por sus manos. Los editores de las aplicaciones le eran una gran ayuda. Una sombra que desaparece… una hoja que se mueve… No, la verdad que él no era un técnico más, él era un artista.
Pese a su conocimiento y a su experimentado hacer, cada día se preguntaba por qué no se veía en sus propios selfis. ¿Por qué no podía mantener su propio rostro en la imagen capturada por su objetivo?
Por Carla Guerrero, del blog Está escrito.

 

Planes improvisados en busca de instantes para mantener y recordar. Destinos lejanos rescatados de los mapas de viajes que publicaban editores intrépidos. El seísmo lo había trastocado todo, y la situación sanitaria y el idioma diferente no haría fácil el encontrarle. El viaje en sí fue toda una aventura y recabar en el puerto de sus pupilas azules un premio que agradecía de verdad.
Por Carmen, del blog Propuestas and made.

 

La verdad es que con la edad, seamos como seamos, nos gusta mantener y creernos unas señas de identidad que algunos llaman estatus, otros reputación y los más osados sabiduría. Pues yo creo que por muchos editores que para ello usemos, no solo fotográficos sino de opinión y hasta de criterio, con los años todos acabamos siendo física y mentalmente una caricatura de nosotros mismos. Así que mejor sembrar las arrugas con sonrisas que acabar con un ictus por gruñones.
Por JM Vanjav, del blog jm vanjav hasta en 500 palabras +

 

Llevaba años malviviendo en un hostal, la verdad. La inspiración no es fácil de mantener, así es que cuando conseguí finalizar el manuscrito y entregárselo a los editores, supe que mis problemas terminarían. Era mi mejor puta novela. Imaginé el cheque de seis ceros que recibiría como adelanto tras ser convocado a una reunión. Su respuesta fue que aquello apestaba, era basura. Con mi estilográfica, los asesiné, a todos. Que sabrán ellos sobre los gustos de la gente.
Por Pedro Merchán, del blog El cuaderno de Pedro.

 

Lo había intentado todo para mantener los ojos abiertos. Pero, la verdad es que me quedé dormido, soñando, como siempre, que mis editores publicaban al fin mi novela. Por eso, me sobresaltó aquel ruido metálico que rompió el sopor de la tarde. Instintivamente disparé una ráfaga desde mi garita, situada en lo alto del muro. Cuando observé a través de la mira telescópica de mi fusil, vi perforada aquella lata que habían utilizado como balón los niños que yacían inertes a su alrededor.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Y fue en aquel mismo momento, cuando se dio de cuenta que le iba ser completamente imposible mantener aquella farsa de vida. Un tsunami de verdad inundó su cerebro y arrasó toda ilusión de su maravilloso e irreal futuro. Aquel maldito y preciso momento en el que sus editores, antaño amigos y compañeros, pronunciaron las fatídicas palabras que todavía siguen retumbando en su cabeza «gracias por todo tu arte, pero ahora mismo estamos buscando otra cosa…»
Por Arekkusu.

 

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