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(Este reto de escritura consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Agosto:

Menudo, dudas y abrir.

 

 

Supe que alguien había entrado en mi casa nada más abrir la puerta. Todos los objetos que tenía sobre el recibidor estaban en el suelo, las mantas del sofá revueltas y el frutero vaciado sobre el suelo de la cocina. Con muchas dudas, avancé hasta mi dormitorio con el móvil en la mano y entonces lo vi. Salem estaba sentado muy erguido sobre la cama, meneando la cola. ¡Menudo estropicio, gato del demonio!
Por Adella Brac.

 

Pienso luego existo, muy bien Descartes, menudo crack. También podrías haber dicho, y perdona porque el genio eres tú, si tengo dudas es que estoy en el lio, o algo así, y pones música a la letra, tipo reguetón y lo petas brother. Igual te dan un Grammy al mejor tema latino y en las calurosas noches de verano, obligados a abrir las ventanas para no morir asfixiados, nos acordaríamos de tu familia cuando el macarra de turno pasara con su carro con tu canción a todo volumen.
Por Lorenzo.

 

«Las dudas le asaltaban. Lanzando sus tanques, había conseguido abrir una brecha y hacer huir al enemigo sin que se resistiera. Pero tenía que avanzar más e iban cortos de combustible. Necesitaban repostar. ¿Se arriesgaba y proseguía? ¡Menudo dilema! Pensó. El polvo del terreno levantado por las orugas haría que, a lo lejos, los vehículos de servicio parecieran tanques. Así que les ordenó atacar… y el enemigo se rindió.»
Por Daniel A.M., del blog La narrativa de Daniel A.M..

 

Lleno de dudas y con mucha hambre, Samuel decidió abrir una pequeña lata de aceitunas. Había tantas que nadie notaría que faltaba una. Su plan era sencillo, solo tenía que llegar hasta ellas. Probó con un pequeño taburete, con una silla más alta… pero aún así no llegaba. Tendría que esperar a que fuera la hora de comer. Menudo rollo. Todavía quedaban dos horas.
Por Do.Lobera, del blog Do.lobera.

 

Me pregunté a menudo cómo reman los átomos en el aire sin compás ni sentido; mis dudas iban más allá del murmullo del viento. El aurea gritó sobre tu pelo ondeante, que deslizó la mirada sobre el sauce. Qué extraño vértigo se clavó en mi pecho al abrir mi corazón al despecho. Y no en vano me revelé pues ya sabía cuál era objeto de mi desconcierto. Languidecía mi alma quebrada, y suspiraba como una niña cansada. Destrozar mi vida fue tu único recurso, salir de ella el mío.
Por Nuria de Espinosa, del blog Entre luces y sombras.

 

Su víctima de aquella noche le lanzó un beso de despedida. Ella lo ignoró mientras intentaba abrir la puerta. Al entrar a la casa se quitó los tacones y en un instante llegó al sitio donde descansaba. Con cuidado libró su menudo cuerpo del vestido con el cual decían que parecía una princesa. Luego se quitó la peluca. Mientras caminaba a su ataúd el vampiro sonrió satisfecho. Ya no tenía dudas. Su nuevo disfraz le aseguraba cada noche una buena cena.
Por Francisco Velandia, del blog Pacho escribe.

 

Escuchó el sonido que hacen los correos al llegar a la bandeja de recibidos. Al principio tenía dudas respecto a abrir o no aquel mensaje. Volvían los viajes, pero en esta ocasión los billetes eran solo para seis. A menudo recordaban cada uno de sus destinos, sus aventuras y sus risas y soñaban con regresar todos juntos.
Por Carmen, del blog Propuestas and made.

 

A menudo me tomo tiempo para contemplar el atardecer azul. Pienso en aquellos otros anaranjados que viví cuando era joven y me entra algo parecido a la nostalgia. Luego, miro a mi hijo y todas las dudas salen volando por la ventana, a pesar de que la mía no se pueda abrir. De momento así son las cosas por aquí. Tal vez algún día no muy lejano logremos vivir de manera diferente en nuestra colonia de Hellas Planitia, Marte.
Por MJ RU1Z, del blog Eleeabooks.

 

Abrir el armario para buscar la ropa adecuada para la entrevista. Hoy es el día. Aunque tengo muchas dudas, ¿Merecerá la pena sólo para tener las mañanas libres para acudir a las clases de teatro? ¡Menudo cambio! Y cómo decir a mi padre que abandono la panadería familiar para ser portera de discoteca, por ahora, porque el mundo de la farándula es mi sueño para el futuro. Creo que debo pensar, también, en una posible mudanza.
Por Mercedes Menéndez Aguirre.

 

Tío Nicas montaba un colibrí enfurecido; el primo Clemo, un dragón enano; la prima Elen, una libélula ígnea; tía Lucre, una luciénaga loca. Tía Eunice, una hada azul, dio la salida. Había que atravesar el bosque encantado y llegar al roble viejo. Yo llegué el último porque mi abeja era algo cegata; si no, hubiera ganado, no tengo dudas. Abrir los regalos y comernos la tarta fue todo uno. Por la noche tocaron Los Grillos. ¡Menudo cumpleaños!; el bisabuelo Leocad cumplía 483 años.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

El inventor veía miedo en el menudo rostro de la joven. Nadie sabía por todo lo que había vivido, pues se negaba a decir una palabra de quién era, de dónde venía y cómo ocurrió el naufragio que la había llevado a la costa de su ciudad. El anciano, con mucha paciencia trataba de despejar las dudas que ella tenía. No solo le aseguró que podía confiar en él, también que al abrir los ojos, ella podría volver a caminar.
Por Hannelore Adler, del blog En la cabeza de un vaquicornio.

 

Menudo caminar lleva la morena. Dudas entre cerrar o abrir los ojos por temor a perderla. Melena al viento. Tacón de aguja que dan catedra al caminar la calle empedrada. Falda roja que promete subir y mostrar el paraíso mientras ella con mano coqueta la regresa a su lugar. Dientes blancos como nácar deslumbran cuando sonríe. Hipnotiza con sus caderas; nunca va sola por la avenida, mas ella es fiel a Kavi, ese calé de pelo entrecano y piel dorada que la sacó de Cuba.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Balthasar aporreó las teclas con furia, como tan a menudo lo había hecho en su vida. Pero ahora no tenía tiempo para dudas, aquellos códigos no eran de un sitio web o una aplicación para móviles… su vida dependía de ello. Las líneas de código crecían sin cesar, pero un sonido tras de su puerta lo alertó. Afuera de su cuarto, pesados y monótonos pasos anunciaban su fin. La puerta ya se comenzaba a abrir, y su dedo cayó sobre la última tecla, sumiendo el edificio en el silencio.
Por Jose Paul, del blog El rincón creativo de Paul.

 

Ella me dijo con voz rasgada: «A menudo, pienso en ti; a veces, en nosotros. Son solo pensamientos peregrinos, pero siempre parecen volver a mi mente cuando menos me lo espero. A mí me gustaría concentrarme solo en el presente, y apartar las dudas que me asaltan cuando avanzo por el camino. Algún día la inercia cambiará de lado y me arrastrará hacia un lugar mejor. Solo entonces podré abrir, de par en par, las ventanas de mi hogar. Vendrán días mejores… Sin duda, vendrán».
Por Juan Fernández Vicente, del blog «Poemas».

 

El niño andaba en las calles, haciendo malabares entre los autos, para obtener alguna moneda a voluntad de los que lo miraban con dudas de dar o no dar. Era menudo en su contextura, muy triste en su mirada y la pobreza era su compañera. Su infancia parecía ser apenas un algo para algunos. En este andar anestesiados ¿podremos despertar y abrir puertas para que los que deberían ser privilegiados puedan salir solo a jugar?
Por Diana Rosa Conti.

 

Siempre había sido menudo y, quizá por eso, le volvían loco las mujeres grandes. Nunca albergó dudas acerca de sus posibilidades, así que, cuando conoció a aquella espectacular compañera de trabajo, no se lo pensó dos veces. En un abrir y cerrar de ojos se hicieron inseparables y todo el mundo en la oficina se acostumbró a verlos juntos. Ella, tan inmensamente feliz y él, asomando su diminuta figura desde el escote donde había decidido que se quedaba a vivir.
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.

 

Me tumbé sobre la moqueta, encogí los brazos y con el meñique, traté de girar aquel menudo picaporte. Era como una casa para muñecas en miniatura. Diminutos sillones y mesa de té con sus correspondientes minúsculas tazas y una coqueta e insignificante chimenea. Con decisión, empujé con el dedo corazón la puertecita. Un golpe seco y la madera se resquebrajó. Tras abrir la puerta, me mantuve silente delante del umbral. Tenía serías dudas sobre la posibilidad de pasar a través de él.
Por Belma Kamont.

 

Abrir el corazón, entregarse por completo al amor, tocar el cielo, no sólo con las manos, sino con todo tu ser. Caer, desplomarse como un pájaro herido en pleno vuelo. Rendirse ante las dudas de la razón. Batallar con la pequeña luz que titila adentro, lejana y débil. Volver a respirar. ¿Cuándo seremos libres? A menudo me lo pregunto.
Por Wiki.

 

No hay dudas de lo que vio, había entrado una anciana andrajosa y había salido un niño menudo y trajeado. Ahora junto al buzón buscaba la manera de abrir su puerta forzando la cerradura con disimulo. Tiene que ser el acceso a uno de esos portales mágicos. Un clic metálico, sonrió, a hurtadillas pasó al interior y cerró la puerta. Apagados maullidos. Un gato desconcertado escapó por la puerta entreabierta del buzón.
Por Carles Leo, del blog El páramo de Carles Leo.

 

Aunque los demás crean que eres menudo e insignificante, para mí eres grande. Tú me creas dudas cuando creía que todo estaba claro. Me empujas a abrir la puerta de mi celda mezquina y contemplar toda la hermosura que hay en los otros.
Por David Coloma García, de Blog de poesía y relatos.

 

Una tapa de menudo con garbanzos y media caña de cerveza. Esos eran los únicos ocupantes de la mesa hasta que un hombre, quien vestía un pulcro traje de chaqueta gris, corbata azul y blanca camisa dejó el sobre cerrado. Tendría que abrir el sobre para saber qué ofrecían esta vez. Miro con nuevas dudas a través de la ventana del bar a la calle: todos los locales vecinos cerrados y con grandes carteles: próxima apertura de centro comercial.
Por Antonio Jimenez, del blog Escribe y golpea.

 

Un mar de dudas asaltó la frágil mente de Antoine una vez accedió a la cámara acorazada escondida en aquel sótano inmundo al que había llegado tras descifrar los cuatro códigos maestros contenidos en el antiguo incunable. ¡Menudo dilema se le presentaba! La gran decisión de su vida giraba en torno a un impulso: abrir la última puerta o desistir y obedecer la superstición con la que le atormentaba su abuelo; una gran maldición se cernería sobre quien osara quebrar el gran secreto…
Por Javier Sánchez Bernal, del blog La buhardilla de Tristán.

 

La vida puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos sin apenas darnos cuenta. Es necesario vivir y no permitir que las dudas nos impidan avanzar, porque a menudo, las dudas no tienen ningún fundamento. También, es necesario custodiar nuestra paz y cuando ocurra algo a nuestro alrededor no seguir la tendencia de mirar, investigar e inquietarnos por lo que pase, de ese modo resguardamos nuestro interior de las influencias no favorables que podrían inquietarnos.
Por Minerva Hernández.

 

Si los pájaros te miran extrañados mientras picotean a tus pies, y tú permaneces impávido sin abrir los ojos, tal vez estés muerto. Si no sabes cómo has llegado hasta aquí y tienes dudas del camino de vuelta, tal vez seas un olvido sin recuerdo. Si las cicatrices del tiempo han horadado tu ser menudo, tal vez seas un árbol yermo. Solo, cuando escuchas entre la bruma: «Abuelo, yo le llevo a casa», solo entonces, sonríes como un niño perdido que ha encontrado a su madre.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Cada mañana, su marido se levantaba con la intención de morir, aunque luego, le entraban las dudas y cambiaba de opinión. Procuraba no dejarlo nunca solo y escondía los objetos con los que pudiera hacerse daño. Regresaba a casa con miedo, por lo que pudiera encontrarse al abrir. ¡Menudo suplicio! Siempre vivió con el corazón en un puño hasta que sus amenazas dejaron de importarle. Y la paz regresó a su vida al mismo tiempo que él recuperaba la suya meciéndose a un palmo del suelo.
Por Pilar Alejos, del blog Versos a flor de piel.

 

Nunca debí aceptar, siempre tuve mis dudas con este negocio. Y ahora en menudo lío estoy metido. Estas cosas pasan por dejarme convencer y vivir en un sitio de mierda. Eso explica por qué tengo un desconocido muerto en el armario y a la policía detrás de una puerta que intentan abrir. A ver como salgo de está.
Por Avalle Rei, del blog El mundo de Avalle Rei.

 

Las vías del tren, las casas y las montañas se hacían cada vez más pequeñas conforme se iba alejando del suelo. Era una sensación grandiosa. No había dudas, había nacido para volar. Abrir y batir las alas y con eso era suficiente. ¡Menudo gavilán estaba hecho! Después de pasar por ardilla, gusano y planta, esta era, a todas luces, ¡la mejor reencarnación que había tenido!
Por Nahnnuk.

 

Menudo susto se llevó al aparecer su madre tras la esquina. De una mirada fulminó al nervioso enamorado, del que nada había contado, y en un abrir y cerrar de ojos desapareció. No lo pensó dos veces cuando al finalizar las clases él quiso acompañarla hasta su casa. Ahora no tenía dudas, de que un cielo encapotado la esperaba al llegar.
Por Saricarmen, del blog Desde El Cielo.

 

Menudo caradura es mi jefe. Llega tarde al trabajo y al cabo de diez minutos lo veo abrir la puerta de su despacho y desaparecer. ¿Regresa? Sí, pero al final, para estar allí solo un minuto más. Se escabulle a diario. Es altanero, violento, orgulloso, engreído, distante, camina con el cuello estirado y no responde a preguntas. Un día, tenía dudas sobre un tema informático. Le pregunté a él y me contestó con musiquita: ¿Sabes? Yo también tengo mis cositas.
Por Aurora Roger Torlá.

 

Las dudas, a menudo, eran mi perdición a la hora de ir de compras. Con la práctica y siendo, por supuesto, educado esa falta de criterio a la hora de escoger ropa, zapatos, libros o lo que fuera, me ha servido para superar mi innata timidez. Ahora hablo y me dejo aconsejar con los dependientes sin sentir ese incómodo sonrojo de antaño. De hecho, abrir esta puerta, me ha hecho más sociable y he pasado de ser el tipo rarito e indeciso al tío igual de indeciso pero paliquero y vacilón.
Por jm vanjav, del blog jm vanjav hasta en 500 palabras +

 

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