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(Este reto de escritura consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE ORO; Ángel, Aria Morgenstern, Aurora Rapun, Avalle Rei, Arekkusu, Carlos González, Carmen, David Coloma, Diana Rosa Conti, Do.Lobera, Estrella Amaranto, Igor Rodtem, Javier Puchades, Javier Sánchez Bernal, jm vanjav, José Torma, Juan Fernández Vicente, Katalina Camus, Lorenzo, Luis J. Goróstegui, MJ RU1Z, Oscar Quijada Reyes, Pilar Alejos Martínez y Sandra Adrián.

 

MEDALLA DE BRONCE; Isan Bairu.

 

¡Enhorabuena a todos!

Si se me ha despistado alguien, decídmelo (sois muchos).

Enero:

Llorar, luego y verdad.

 

 

Escribir es difícil, esa es la verdad que nadie trata de ocultar. Para provocar emociones en tu lector primero tienes que sentirlas. Llorar, reír, sorprenderte. Asustarte, enamorarte, compadecerte. Y luego tomar todo eso y posarlo con cuidado sobre tus palabras. Escribir es difícil, pero si te hace bien, debes seguir haciéndolo. Si te cura, si te calma, si te enfoca, ten claro que también lo hará por otros. Por eso, ¡brindo por un 2022 lleno de historias!
Por Adella Brac.

 

Vivía en una ilusión, que era su verdad. Formaba parte de un colorido puzle que le inundaba las manos. Cada día lo volvía brillante para no llorar. Su cándida forma de vivir desde la infantil óptica pese a sus veintiún años, dejaba perplejos a sus médicos y enternecían a quienes le querían. El síndrome que padecía, a ratos le daba tregua, le dejaba pensar con claridad: miraba al cielo, se creía un empresario de éxito, elevaba una oración y luego volvían a rodearle los colores…
Por Carla Guerrero, del blog Está escrito.

 

El reino animal, dentro de poco república (pobre león), en verdad es una fuente inagotable de semejanzas con los humanos. Los cocodrilos pueden llorar, lágrimas de cocodrilo. Las hienas están todo el día de cachondeo y se ríen en tu cara (a salvo tras la pantalla de la tele a mil quilómetros de distancia). Luego, claro, les cogemos cariño y vemos a Peppa Pig y ya no queremos comer cerdo… bueno no, lo siento por esos gorrinillos tan chistosos pero a mí nadie me deja sin sobrasada.
Por Lorenzo.

 

Mi piel me arde por el frío. Luego de cargar mi mochila, observo al hombre ante mí. Parece cualquier cosa menos un maestro. De repente, siento tristeza, ira y ganas de llorar, pero el gesto de la persona que me entrenará me impide expresar mis sentimientos. Recuerdo que lo único que me pidió a cambio por enseñarme a luchar fue que siempre le dijera la verdad. Sin embargo, no será así. Él no sabrá que me instruye para asesinarlo para vengar a mi madre.
Por Francisco Velandia, del blog Pacho escribe.

 

Creo que he tenido un sueño, una ambigüedad inesperada. Una verdad entre lo oculto y lo visible.
¿A caso es posible ver una en una puerta la silueta imperfecta de una sombra qué va más allá?
Luego surgen ideas en mi mente; el misterio está en la imaginación que identifica lo inexplicable de un vacío oscuro y el misterioso que viaja errático de una mirada a otra, y susurra entre el viento lo poderosa que es la mente y lo mentirosa que puede ser hasta hacerte llorar.
Por Nuria de Espinosa, del blog Entre luces y sombras.

 

Es bueno llorar. Mejor de alegría. Sea como sea, has sacado tu verdad. La que existe en ti: derrumba en una sola lágrima todas las capas que te envuelven. ¿Luego? Luego has avanzado un poquito más.
Por felisa.

 

«¿¡Quieres dejar de llorar!?», le grité. Puedes creer que si lo sientes, si lo piensas, si se ajusta a tu concepto del mundo, será verdad. Pero es solo una ilusión, una fantasía. No es lo que dice la física, la gravedad te agarrará y tirará de ti cada vez más rápido hasta detenerse allá abajo, en la acera, y en una desaceleración de nanosegundos tu cuerpo se hará pulpa y astillas. Ella dudó, luego miró el alféizar, soltó las manos y se dejó caer… volando como las golondrinas.
Por Carles Leo, del blog Curioso por vocación.

 

La verdad es algo que no debería dolor, no nos tendría que hacer llorar pero cuando nos golpea sin previo aviso, cuando descubrimos que no es como imaginábamos, no podemos evitar pensar que hemos sido engañados. Nos enfadamos con ella, con el mundo entero y dejamos de confiar en todos. Pero luego, con el pasar del tiempo, descubrimos que esa verdad era necesaria, que no fue tan mala y podemos continuar viviendo sin estar enfadados con todos.
Por Do.Lobera, del blog Do.Lobera.

 

Sentado entre sus raíces, el gran árbol me contó un cuento. «Cierra los ojos y escucha», me dijo. Al terminar miré a lo lejos y el atardecer me hizo llorar. «¿Lloro porque el sol me hiere la mirada o por el cuento que acabo de escuchar?», me pregunté luego. No supe qué contestar. Camino a casa me dije: «La verdad, puede que esto sea la vida: un cuento que cuenta un árbol y que al atardecer te hace llorar».
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

—Ya conoce el procedimiento, señor Smith: puede cooperar, decirme toda la verdad y luego irse a casa, o puede obstinarse en tener la boca cerrada mientras continúa escuchando llorar a su hijo en la habitación contigua, usted decide…
Las manos le temblaban a la par que un sudor frío le erosionaba la espalda. El silencio, que había sido su escudo, se antojaba ahora una trampa mortal. En aquel instante, un halo gélido nubló para siempre su espíritu. Perder o perder, tal era el dilema.
Por Javier Sánchez Bernal, del blog La buhardilla de Tristán.

 

Llorar no es solución. Abatido se dirige a la nevera, el helado de chocolate no falla en estos casos. Es un envase grande. Al pagar, la cajera le preguntó si se lo iba a comer solo.
Una grieta se abre en su pena, la tristeza del abandono da un paso atrás.
―¡Esa pregunta…! ¡Luego…?
Tras la primera cucharada los labios de la dependienta se dibujan rojos y frescos en su imaginación.
Corre, la verdad, tiene prisa, el super está a punto de cerrar y sobra helado para dos.
Por Ángel

 

Eva tenía miedo, sobretodo, de acabar durmiendo en la calle. Había perdido su trabajo, pero pronto comprendió que de nada servía llorar. Desde luego, era la situación más difícil por la que había pasado en su vida pero se repuso y tomó las riendas. Se trataba de buscar otro trabajo, el que fuera. Y la verdad es que esta actitud la ayudó a dedicarse a algo que realmente le gustaba mucho más: dar clases de yoga. Y ganó en harmonía y tranquilidad.
Por Mercè Gil Viñas, del blog El mundo de Beatrice.

 

No paró de llorar en todo el viaje. Era aún muy pequeña, tan solo una niña, para aceptar que era necesario salir huyendo de repente, haciendo apenas una pequeña maleta de ropa arrugada, y sin poder decir al menos un «hasta luego» a los amigos. No lo aceptaba, pero lo entendía. Vaya que sí. Sabía perfectamente que aquel monstruo existía de verdad y que no le quedaba más remedio que vivir en una continua fuga hacia adelante para que no la encontrase jamás.
Por Igor Rodtem, del blog Lo innombrable y yo.

 

Llegue hace tres días a Buenos Aires, mi pequeña y recién alquilada pensión para estudiantes me asfixiaba. El frío era insoportable, todavía no tenía calefacción y las maletas seguían llenas y sin abrir. No podía dejar de pensar en mi prometida que había quedado en mi pueblo, quien antes de partir me miró con los ojos rojos de tanto llorar, y al hacerlo, me dijo tantas cosas, luego de escucharla yo aparté la vista porque no estaba preparado para enfrentar tanta verdad.
Por Natalia.

 

Llorar ya no era una opción para ella y luego de la última golpiza de su esposo, bebió el veneno para huir de los celos enfermizos del hombre. Cuando él se enteró de la triste verdad, se disparó en la sien para seguirla después de la muerte. Allá también la cela.
Por Francy Trujillo.

 

Es verdad que tienes la virtud de comerte tus tristezas, que verte llorar es tan difícil como encontrar un cóndor en el parque de tu barrio pero, cariño, suelta de una vez la congoja que llena tu corazón y luego, si quieres, nos vamos a pasear por la orilla del mar.
Por Mercedes Menéndez Aguirre.

 

Siempre me habían inculcado la virtud de poner la verdad por delante. Con ella se va a todas partes, decían. Luego me di cuenta de que estaba sobrevalorada, si la mostrabas hacías más reír que llorar, te hacías más vulnerable que fuerte. Concluí que cada cual lleva una verdad distinta a la del otro y que las verdades absolutas son el principio de las grandes mentiras.
Por Isan, del blog Una capa de barniz.

 

La verdad es que la entrada al cielo tiene una puerta muy amplia. Desde mi ventana puedo verla cuando anochece. A menudo, cuando el firmamento está claro, sin nubes. Sin embargo, las últimas veces he notado algo extraño: un rubor en mis ojos cuando la observo sin pensar. Allí arriba, en el azul inmenso, hay paz. En el edén no es necesario llorar. Son las nueve de la noche y algo se mueve en el ocaso. Luego llegará la gélida madrugada. Todas las señales han llegado a tiempo…
Por Juan Fernández Vicente, del blog «JFV, poesía breve de 24 kilates».

 

Después de saber la verdad no pude dejar de llorar, pasaba los días pensando en qué podía hacer después de saber la cruda realidad. ¿Qué sería de mí? ¿Qué hacer con mi vida ahora? ¿Cómo debería mirarme al espejo luego de saber el monstruo que soy? Porque si no hubiera visto las imágenes de aquella cámara nunca me habría creído que fui yo quien asesinó a mi familia.
Por Maila.

 

Cuando los abrazos que calentaban se tuvieron que dosificar y dar con cuidado, llegó el frío. De nuevo hubo que refugiarse y protegerse, llorar hacia adentro y recomponerse. El año nuevo permitía acabar proyectos e iniciar otros con renovadas ilusiones. ¿Y si en verdad ese despegue se viera de nuevo truncado? Lo tenían claro primero extender las alas y luego agitarlas y levantar vuelo.
Por Carmen, del blog Propuestas and made.

 

Dos días en cama no habían cambiado nada, no podía evitar llorar cada vez que habría los ojos. Su ropa en el closet seguía ahí como un recordatorio de su existencia, luego miraba el tocador donde su maquillaje reposaba en la bandeja y las fotografías mostraban los años que compartieron bajo ese techo. Era una verdad ineludible que se había ido dejando sus cosas atrás, dejándolo a él. Su tumba en el cementerio recién mostraba la placa grabada con su nombre.
Por Katalina Camus, del blog Ambiente virtual.

 

Primero, ser consciente de la verdad me hizo llorar. Luego, me di cuenta de que eso significaba que mis dos amigos, Melchor y Baltasar, y yo podríamos tomarnos unas largas vacaciones. Largas, pero no eternas. Porque tal vez la gente haya dejado de creer en nosotros y sean los padres y amigos quienes hagan nuestro trabajo durante un tiempo, puede que siglos, o hasta un par de milenios. Pero todo es cíclico y, al final, volverían a creer en nosotros. La magia siempre vuelve.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Estás para llorar de nuevo y luego… ¿Qué queda? No pertenecemos al mismo tiempo, ni al mismo lugar. Sólo puedo decir que todo paso tan rápido y el camino recorrido se sintió tan corto. De un día para otro ya me encontraba aquí. Si un día piensas que las aves más bellas vuelan alto, que la lluvia no hace ruido al caer y que todo a nuestro alrededor se desvanece, quiero confesarte que me quedo con la última verdad que dijeron tus labios… «Te amo».
Por Angélica Rodríguez, del blog Mis pensamientos vuelan.

 

Luego de un tiempo, llorar ya no se puede. Levantas la mirada y solo ves desolación. Dos niños, en su infinita inocencia, patean un balón entre los escombros. Ni el polvo ni el olor a cadáver los detiene. En verdad los miras disfrutar su juego. Te encojes de hombros y los retas a que se muevan de ahí, que no es seguro. Te miran serios, toman la pelota y corren por la destruida avenida. Justo entonces lo escuchas, mas ya es tarde, la explosión te golpea y pierdes el sentido.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

«Todos lo decimos a diario, después, luego, a posteriori… eso se llama procrastinar. Pero ya no podía hacerlo más, la situación se había vuelto insostenible. Era cuestión de supervivencia, o él o yo. Afronté la situación como cualquier otra tarea, me organicé y lo hice de la forma más rápida, limpia y eficiente que pude. ¿Llorar?, ya lloraré otro día, ¿a quién le importa? cada quien conoce su verdad y la mía no se la iba a creer nadie»
Por Sònia G. Puchal.

 

No podía parar de llorar cuando te sentí exhalar tu último aliento. La oscuridad, lo cubrió todo. La vida se había escurrido por entre los fierros retorcidos en un inexplicable accidente que nos rompió íntegramente el futuro. Luego descubrí, LA GRAN VERDAD, solamente el amor verdadero, es capaz de trascender a la muerte. Es por ello que, aún hoy, te amo…
Por Sonia Nievas.

 

Es una osadía lucir la verdad, pasearla a pleno sol, llevarla encima.
En este presente, entre las rejas del correctismo y la dictadura de Mr. Wonderful, vivimos cohibidos. Nada de gotas saladas, nada de profundidades, impera la piel seca y el falso smile ilumina cada puñalada. Antes llorar era el lenguaje profundo, luego será demasiado tarde para abrazarnos.
Por David Coloma García, del blog Blog de poesía y relatos.

 

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