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(Este reto de escritura consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Febrero:

Luz, suelo y beso.

 

 

La luz de un foco me ciega cuando desvelan el nombre del ganador del premio Planeta, ¡soy yo! Me levanto con torpeza, repasando mentalmente el texto que preparé sin mucha esperanza. El escenario me reclama, voy, pero en el tercer escalón tropiezo y beso el suelo. Se hace el silencio y después el auditorio estalla en carcajadas. Me despierto sudorosa y por un momento me alegro de no haber ganado el premio.
Por Adella Brac.

 

Era Juan Pablo II el que al llegar al país que fuera, y al bajar las escalerillas del avión, se arrodillaba y besaba el suelo. Los políticos también son muy cariñosos, al acercarse elecciones electorales, siempre hay un beso para un pobre niño indefenso Dentro de poco, al ver la luz el recién nacido, no recibirá una palmadita para que llore, no, será un candidato que le pondrá una pegatina de su partido en el culito.
Por Lorenzo.

 

Cae la tarde y la luz del sol se evapora con el crepúsculo. Salgo al balcón y el suelo ya siente la brisa que el frío invierno arrastra. Mi cuerpo tiembla. Tengo escalofríos.
Recuerdo tus ojos y el poder de tu beso traspasar mi pecho.
Mi corazón te reclama, pero solo encuentro soledad y la tristeza me invade. Qué remembranza más amarga.
Por Nuria de Espinosa, del blog Entre luces y sombras.

 

¡Juro por Odin que fue cierto! Algunos dirán que mi mente estaba nublada por el dolor. Sin embargo, no solo lo vi, también lo sentí. Después de que Holldan sucumbiera a sus heridas, el suelo del bosque vibró y una extraña luz rodeó su cadáver. De repente, su espíritu emergió de su cuerpo ayudado por una Valquiria. Antes de partir, sus labios me concedieron un último beso. Holldan era un fiero guerrero, pero nunca se marchó a una batalla sin despedirse de mí.
Por Francisco Velandia, del blog Pacho escribe.

 

Entro despacio, sin pisar el suelo apenas, sin hacer ruido para no molestar, en la habitación del hospital. La luz es muy tenue, sólo una lamparilla en la cabecera de la cama. Mi madre se muere.
Me despido con un beso suave, prolongado y tomo su mano entre las mías para acompañarla en los últimos momentos.
Por Marlen, de El blog de Trujamán.

 

Son las siete de la tarde y todo sigue igual. La luz del atardecer está cayendo con dulzura por mis hombros. Camino solo por la ciudad y veo a las calles cantar su himno. Entonces, beso el suelo y dejo una marca. Una señal para dejar constancia de mi amor por la urbe. Cuesta abajo contemplo a mi destino rodando. En esta metrópoli no hay leyes ni fronteras. De momento, me dirijo hacia mi hogar. Pero volveré. Cuando pase algún tiempo… volveré.
Por Juan Fernández Vicente, del blog «JFV, poemas y versos del alma».

 

La ropa esparcida por el suelo, sábanas que arrastran, son las huellas de la batalla. Tu cuerpo, entregado al sueño, dibuja un extraño escorzo. Un hilo de luz rompe el espacio y crea un paréntesis onírico en el que solo existe el ahora, el presente detenido. Trato de no romper este momento mágico, apenas rozan mis dedos un mechón de tu pelo, respiras relajada, mientras cadencioso sube y baja tu pecho. No puedo evitarlo, temo despertarte y aún así, te beso.
Por Ángel.

 

Saludó a los agentes y cruzó el cordón policial, esquivó los charcos del suelo en el portal donde bajo una luz mortecina esperaba el subinspector de la científica. Le confirmó el modus operandi a la espera de la autopsia, pero no cabían dudas de la autoría del crimen. La mujer sentada en el váter, el varón tumbado en el sofá, el adolescente en la butaca y la televisión encendida. Sin signos de violencia, solo tenían un beso en la frente.
Por Carles Leo, del blog Curioso por vocación.

 

Resultaba difícil quedarse quieto esperando la oscuridad, era un vampiro, pero el otro era un humano asesino de la peor calaña y Badir iba a ir a por él. Esa pobre niña lo merecía. No habría más besos ni abrazos, todo lo que podía haber sido, dejó de ser para la pequeña. El último rayo de luz desapareció y Badir salió de su escondite en persecución del asesino. Antes de marchar, cogió el cuerpo roto de la pequeña y lo depositó con delicadeza en el suelo.
Por Sònia G. Puchal.

 

Me abrazó muy fuerte mientras me daba un beso. Le correspondí con una caricia en el pelo y continué por su cuello. Seguimos abrazados y la desatada pasión hizo que acabáramos tumbados, rodando por el suelo, entre juegos, risas y roneos. La luz estaba encendida y nos permitió deleitarnos con la visión de nuestros cuerpos. Éramos la viva imagen del deseo.
Por Mayte López, del blog Imágenes que escribo.

 

Durante todo un año me esmeré en conseguir ese efecto de luz infinita. Perseguía un dorado que no caducara, que brillase como el sol. Me fue imposible parar de probar. Cuando necesitaba un descanso, me sentaba en el suelo, sobre la alfombra verde y, allí, poco a poco emergió una pradera con flores que parecían joyas. Y es que El beso lo tenía en mi interior, nunca desapareció de mi memoria y necesitaba reproducirlo en un lienzo.
Por Aurora Roger Torlá.

 

Bendita la tierra labrada por mis ancestros. Bendito sea el día en que del suelo brotó el alimento para vivir. Aunque hoy sea extraño con estas palabras, beso el suelo del cual me alimento. Pido la bendición de mi Señor de las Alturas para que continúe bendiciéndome con su luz majetuosa. Para que nuestro alimento siempre llegue a todas las mesas de manera infinita.
Por Levannath Esther Moreno.

 

Por las noches la luz se vuelve extraña, difícilmente alumbra un pequeño cerco en el suelo, allá donde la farola está anclada. La oscuridad es la reina. Es en estos momentos de negrura cuando los amantes clandestinos pueden verse y robarse un beso, que selle su amor. Cuando llegue la mañana volverán a ser dos extraños que tienen prohibido encontrarse. Pues su amor solo es real bajo la atenta mirada de la luna y las estrellas.
Por Do.Lobera, del blog Do.Lobera.

 

La luz entraba por el ventanal de la habitación y se reflejaba en el suelo. De pronto una sombra interrumpió la luz y vi una silueta en el ventanal. Al principio no reconocí quien era. Pero la silueta se acercó a mí y entonces supe que era ella. ¡Había vuelto! Me levanté del sillón y me abalancé sobre ella dándole un beso.
Por Federico, del blog Historia de la música electrónica popular.

 

El suelo de madera crujía, la luz del sol de media tarde sonrojaba los libros de la biblioteca. Me detuve a hojear uno, uno ajado por el tiempo. Entre sus páginas 96 y 97 hallé una flor marchita, testigo –quizá– de un tiempo pasado, acaso olvidado; o de un amor entregado, quise pensar; de un suspiro; de un beso; de un «hasta luego»; de un «te quiero».
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

Ella sabía que tenía que darse prisa, pronto los encontrarían. Entró corriendo al cuarto del bebé sin prender la luz. En su recorrido pasó botando al suelo una foto que ella había tomado ese día, donde ella cargaba un niño recién nacido, la única prueba de la existencia del niño.
—Yo te cuidare, mi bebé —dijo tomando en brazos al bebé y dándole un beso en la frente, para luego salir huyendo de la casa, mientras la policía seguía en la búsqueda del asesino de una mujer embarazada.
Por Julissa E.

 

Una vez que estuvo bautizado, él sintió que era un nuevo hombre. Estaba revestido en luz. Se puso de rodillas, sin darse cuenta siquiera, y agradeció a Dios por esta tierra en que está habitando. Luego, poniendo su rostro en el suelo, con humildad, le ofreció al Señor, lo único valioso que poseía. Dejó en el suelo un beso.
Por Sonia Nievas.

 

Aquí está mi pócima, en esta redoma de cristal de estrellas: la alquimia de la felicidad eterna destilada por los Antiguos Seres. Admírala y no la pierdas.
Luz de sol, un rayito solo, para iluminar el camino.
Luz de fuego fatuo, una chispa, para esquivar la ruina.
Luz de abismo, para que evitar el suelo de la tristeza.
Luz de ocaso, un soplo de color añil, para adormecer el rencor.
Luz de aurora, para despertar el corazón.
Luz de luna, para incitar el beso enamorado.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Sentarse en el suelo le pareció un lugar seguro cuando le dio aquel ataque de risa. Nunca le habían pedido un beso de una forma tan original, quizá hasta un poco ridícula. Me dijo: «Eres la luz de mis ojos, el latido de mi corazón, el agua para calmar mi sed y las zapatillas para mis pies cuando corro un maratón y, por eso, si me besas, me convertiré en el ser más feliz de de la tierra». De tan sorprendida que estaba no pude levantarme y el, mosqueado, se marchó.
Por Mercedes Menéndez Aguirre.

 

Cada vez que miraba la luz en la ventana recordaba el beso que se dieron a escondidas. Cada vez que miraba la casa pensaba en ella, era imposible no hacerlo después de pasar años amándose en secreto. El suelo bajo sus pies temblaba con cada pensamiento, con cada memoria de esos momentos robados. Su boda fue anunciada hacía un mes, pero jamás llegaría a darse, esa misma tarde su fuga dejaría en claro donde estaba su corazón.
Por Katalina Camus, del blog Ambiente virtual.

 

Caminé por el sendero, adentrándome en el bosquecito y el suelo lleno de hojas que crujían bajo mis pies. Disfrutando el recorrido me sorprendió la claridad de un rayo de la luz del sol que se colaba a través de los árboles revelando a mis ojos miles de florecillas con variados colores. Sentí temor por el silencio, interrumpido solo con mis pasos, pero continué hasta el final del sendero, ahí se descubría la Laguna Bávaro, donde me esperabas, me abrazaste y me diste un beso.
Por Minerva Hernández.

 

Se incorporó del suelo gélido en el que se hallaba postrado, inconsciente, siguiendo el rastro difuso de una suerte de luz violácea que inundaba sus ojos y su mente. No lograba poner en orden sus últimos recuerdos, traslúcidos por la sustancia que había aletargado sus sentidos después de aquel beso traicionero que ella le había arrebatado tras engañarlo con aquella sonrisa angelical. No reconocía el lugar ni el tiempo y se sentía a punto de abandonarse a su suerte.
Por Javier Sánchez Bernal, del blog La buhardilla de Tristán.

 

Abro los ojos buscando la luz. El suelo esta frío y te acurruco fuerte entre mis brazos. De tus labios sale un pequeño hilo de voz que se mezcla con el vapor que exhala tu boca. Un beso al infinito se escapa de tu cuerpo y como un tonto intento atraparlo, respirarlo. El sol entra por entre los escombros, la oscuridad se disipa. Te pido aguantes un poco más, que te quedes conmigo. Un golpe sacude el muro y los escucho, la ayuda ha llegado. Tal vez tengamos una oportunidad.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Comparezco decidido y animoso, pese a la cobija que hurta al mundo la luz de tu sonrisa, pues tan solo para ti tengo ojos de querer. Tú me haces levitar a un palmo del suelo, enarbolar mi pluma, rebasar mis límites; modelar mis sueños a partir de tu costilla. Es por eso que te mantengo siempre presente, a pesar de la distancia y el tiempo; cautiva en algún rincón de mi mente. Entregaría mis alas, mis tinteros, mis lindes y mis sueños por robarte, al despiste, el aliento con un beso.
Por El compareciente.

 

El sol se colaba por las rendijas de la persiana y se quedaba en esas líneas luminosas. Un nuevo día entraba a mi vida y me daba un beso suave. Disfrutaba de mirar esos halos de luz casi geométricos, de escuchar el canto de los pájaros y de mis sentidos alertas para conservar el asombro de lo que me rodeaba en ese momento. Ya iba poniendo despacio mis pies sobre el suelo, para ir juntando mis pedazos y rearmarme, agradeciendo volver a amanecer.
Por Diana Rosa Conti.

 

De pequeño le gustaba saltar de baldosa en baldosa hasta que un día pisó una que estaba mal puesta y cayó al suelo rompiéndose los dientes. De mayor creyó que podía besar a todas las chicas que le gustaran. Algunas se lo tomaron bien hasta que un día besó a la chica equivocada. El ”armario” que la acompañaba le dijo que le diera el beso a él. Hoy mira de reojo a las chicas que le gustaría besar y solo cuando hay bastante luz camina sin pisar las juntas de las baldosas.
Por Virtudes Torres Losa, del blog Pétalos de relatos.

 

Su alegría y ánimo se vinieron al suelo: el resultado del test la obligó a olvidar sus anheladas vacaciones. Bebió una limonada y se tumbó en la mecedora del balcón. La despertó una ráfaga de aire frío y la sensación de un gran beso húmedo. Ya no quedaba luz del día. Un cuerpo peludo saltó sobre su falda agitando la cola y lengüeteando su cara. Sonrió. Sola no estaba.
Por Saricarmen, del blog Desde El Cielo.

 

—¿Qué es lo que necesitas?
—Un beso.
—¿Para qué? —respondió él mirándome con tristeza.
—Para entender que por fin puedo bajarme de esa nube de amor y aterrizar en el suelo de una vez por todas, para aceptar que el tiempo donde nuestra luz interior brillaba en el otro ha llegado a extinguirse y solo quedan dos corazones rotos.
—Te lo daré, pero prométeme que con este beso morirán las risas, los secretos compartidos, los «te quiero» y sobre todo dejará de existir «el nosotros».
Por Angélica Rodríguez, del blog Mis pensamientos vuelan.

 

Estos rayos de luz son mi baño diario, finos haces que alumbran el suelo donde habito. Ellos alumbran las figuras que he tejido a lo largo de tantos años. Ellos me han servido de guía durante los apagones eléctricos, cada vez más frecuentes. Beso el suelo antes de volver a sumergirme en la oscuridad donde vivo desde aquel error y el mazo inicuo que decidió mi suerte.
Por David Coloma García, de Blog de poesía y relatos.

 

Era una noche tranquila y hermosa, en el cielo se observaba como una gran torta brillante la luna y su luz se reflejaba en el suelo que iluminaba todo el firmamento como un reflector gigantesco y a los lejos se divisaban dos figuras solitarias en lo alto de la colina, en un ambiente cálido y romántico. Cuando de repente una de las figuras se viró y cogió suavemente la cintura de la otra figura y la atrajo hacia sí, un suave e intenso beso posó suavemente en sus labios y al fondo la luna sonreía fascinada y suspiraba por ese amor que contemplaba.
Por Pilar Susana Burgos.

 

Bañada por la luz de una mañana radiante, apoyada la espalda contra un tronco, contempla el cielo. No hay patria, ni bandera, ni enemigos, ni razón. Solo el árbol, el suelo, su enorme tripa redonda y la nostalgia por el beso que nunca le dará, por el olor de su cabecita suave. Nada más, solo eso y el sonido de las bombas que la acunan mientras va cerrando los ojos poco a poco…
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.

 

Siempre me gustó la luz de la playa tras la lluvia en invierno, en este pueblo costero que me vio nacer. Paseando, observo el suelo arenoso que se deshace bajo mis pies desnudos. Mi pensamiento vuela irremediablemente hacia aquellos veranos en que aun venías con tus padres. Antes de aquel beso que nos dimos, cuando apenas éramos unos chiquillos y no pensábamos que el mundo podía separarnos como hizo.
Por Antonio Jimenez, del blog Escribe y golpea.

 

Todos recordarán su primer beso a la edad de empezar a afeitarse la pelusilla para sentirse mayor. Así, en aquel verano antes de comenzar en el instituto, me toco a mí. Nos pasábamos las tardes en el parque jugando al escondite con linternas. Cuando el haz de luz te pillaba tenías que pagar prenda y, si era chica, te podía pedir un beso. Aquella vez no me libré, y el inesperado sabor del carmín, me dio tal arcada que al recular yo tropecé; cayendo al suelo, coreado entre carcajadas.
Por jm vanjav, del blog jm vanjav hasta en 500 palabras +

 

El portal, al abrirse, dio paso a un rombo de luz proyectado sobre el suelo. Luego, quedó parcialmente eclipsado por la sombra del cuerpo de algún vecino. Me oculté tras el tronco de un árbol en la acera de enfrente, quería entrar sin ser vista. Mantuve mi posición unos segundos escrutando la puerta, pero la sombra informe seguía inmóvil. Encima de ella, una pareja se fundía en un largo beso. Él… era mi novio.
Por MJ RU1Z, del blog Eleeabooks.

 

—¡Corre! —oigo que grita ella todavía su mano aferrada a la mía con tanta fuerza como si me fuera a pulverizar todos los huesos de la mía. Estaba oscuro y a penas podía ver donde ponía los pies pero lo que sí podía escuchar era el motor del coche que nos perseguía hasta que en el último momento beso el suelo de la habitación al caer de la cama y me despierto viendo la primera luz del alba por la ventana.
Por Aria Martínez, del blog Eris Morgenstern.

 

Nos dijeron que estaban lejos, pero todo ha sido muy rápido. Una luz intensa acompañada de un estruendo que nos tira al suelo. A tientas encuentro a mi niña inerte. No puedo gritar. Salgo entre los cascotes de lo que hasta ahora era nuestro hogar. Todo a mi alrededor está devastado. Solo veo desolación y cuerpos mutilados por doquier. Antes de caer le doy el último beso a Lucía.
Por Isan, del blog Una capa de barniz.

 

Volvió a encender la luz. Sabía que tenía que estar allí. Fue justo cuando, ella dio aquel portazo, él sintió cómo le caía al suelo. Y mientras él fijaba su mirada en aquel adiós con aroma a despedida, no se percató en qué dirección había ido. Debía de encontrarlo. Así, podría guardarlo junto a su última caricia y su último te quiero. Ya que, tal vez, fuese su último beso de amor.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Abandona la cama sin encender la luz. Parece un poco aturdida. Posa sus cansados pies sobre el gélido suelo mientras, a tientas, busca las zapatillas. Una vez logra ponerse en pie, avanza despacio en la oscuridad con las manos por delante para orientarse. Oye pasos que se acercan sigilosos y se le acelera el corazón, como cuando le dio su primer beso. Llega hasta la puerta con la emoción en los labios. Y la rodean con dulzura unos brazos que susurran: «Tranquila, estoy aquí, mamá».
Por Pilar Alejos, del blog Versos a flor de piel.

 

El jovencillo de aire inocente, detrás de sus gafas oscuras se sentía invencible. La luz de la pantalla del ordenador era suficiente, iluminaba incluso el suelo de su recinto en penumbras. Sus correos electrónicos mal intencionados llegaban a los destinatarios con rapidez… borrando archivos, instalando virus… Cada uno era un dulce beso de Judas hacia sus contactos.
Y como aquel, tenía su recompensa. Los empresarios pagaban bien su trabajo de hacker.
Por Carla Guerrero, del blog Está escrito.

 

Ya ha florecido de nuevo y la luz atraviesa los pétalos coloreando el suelo bajo mis pies. Esta primavera, por fin, volverían los abrazos y ese beso tan esperado, pero otras luces atravesaron el cielo y todo se volvió gris de nuevo.
Por Carmen, del blog Propuestas and made.

 

La luz se apagó como por arte de magia, un frío que emanaba del suelo comenzó a extenderse por la habitación. Entonces, sentí tu mano cálida rozando la mía, me rodeaste con tus brazos refugiándome tu cuerpo. Tu aliento sobre mis labios templó mi espíritu. Pero el beso que me diste me prendió en llamas.
Por Avalle Rei, del blog El mundo de Avalle Rei.

 

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