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(Este reto de escritura consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE PLATA: Anabel Samani, Ángel, Aurora Roger Torlá, Carmen, Diana Rosa Conti, Do.Lobera, Francisco Velandia, Javier Puchades, Juan Fernández Vicente, jm vanjav, José Torma, Lorenzo, Luis J. Goróstegui, Mercedes Menéndez, Minerva Hernández , MJ RU1Z, Nuria de Espinosa y Pilar Alejos Martínez.

 

MEDALLA DE BRONCE: Daniel A. M.

 

¡Enhorabuena a todos y todas!

Julio:

Terminado, pueblo y mujer.

 

 

Cuando perdí el control del coche y el mundo se apagó pensé que todo había terminado. Pero después desperté y la mujer me trajo a este pueblo. Nadie habla, se limitan a repetir las mismas acciones todos los días. Mi tarea es recoger las manzanas de los árboles que tengo detrás de mi casa. Las recolecto cada mañana, pero al día siguiente vuelven a estar en el mismo sitio. Empiezo a pensar que algo anda mal aquí.
Por Adella Brac.

 

Yo soy de ciudad, llonguet, como llaman en Mallorca a los de Palma. Y a mucha honra. Aunque Palma sea la ciudad más sucia de todas también es la más bonita. Vivir en un pueblo está muy bien, eso dice mi mujer, pero yo añoraría hasta las multas de tráfico. No eso no, me han notificado (si tirar la multa por el suelo del hall del edificio es notificar) tres hoy y no sé si recurrir o pagarla y dar por terminado el tema. No, mejor voy a quemar el ayuntamiento.
Por Lorenzo.

 

En un par de horas había terminado. Había acudido a ese pueblo en respuesta a una llamada apremiante. Su trabajo era muy especializado y la perfección era su lema. Por nada del mundo pondría en riesgo su reputación ni su cartera de clientes. La mujer recogió los utensilios de limpieza y los restos orgánicos, esquivó a un par de vecinos madrugadores, cargó la furgoneta y se alejó lentamente por la avenida. En el camino de vuelta, se desharía discretamente del cadáver.
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.

 

Llegué tarde al curso de catequesis, había terminado, pero el párroco tenía que darme el diploma. Lo vi mirar a través de la puerta entreabierta. Por impulso giré la vista al lugar donde miraba. De un automóvil bajó una mujer vestida de negro que se le acercó y le habló al oído. Él asintió con la cabeza. Entró a la parroquia y salió con un sobre que entregó a la mujer.
—Buenos días padre. Vi la señora, que… y me… […]
—Hija, en este pueblo hasta la muerte tiene un precio.
Por Nuria de espinosa, del blog Entre luces y sombras.

 

Todo había terminado. La mujer limpió el cuchillo y sonrió. De repente, su cuerpo se tensó. El gato negro de su víctima apareció en la habitación. Ella, que no creía en supersticiones, lo ignoró. Cuando la joven se asomó al balcón, en busca de su amante, el felino se arrojó a sus piernas y la hizo perder el equilibrio. Al otro día la gente del pueblo lamentó la muerte de aquel matrimonio. Él, asesinado. Ella, por amor, lo siguió al más allá lanzándose al vacío.
Por Francisco Velandia, del blog Pacho escribe.

 

El trabajo en los arrozales había terminado, como el día que daba paso al crepúsculo. Todos volvían al pueblo. Todos cantaban, todos menos una anciana mujer. Llevaba tantos años trabajando que debía guardar las fuerzas para caminar. Un niño que se había detenido la vio y la adelantó corriendo. Al instante, se vio rodeada por sus compañeros que la levantaron en volandas y la acompañaron a su casa mientras seguían cantando. Había que cuidar a la vieja Bu-bu, era la nana del pueblo.
Por Do.Lobera, del blog Do.Lobera.

 

Todos marcharon, ahora la vaciada era la ciudad, al pueblo, a la playa, hasta José y su mujer anunciaron su marcha a casa de los hijos. El barrio quedó en silencio, los carteles de cerrado por vacaciones de nuevo empapelaban los comercios y bares. Había terminado de comer y todavía sin levantarse de la mesa un escalofrío le recorrió la espalda al escuchar el agua correr por las tuberías.
Por Carmen, del blog Propuestas and made.

 

En un delicioso pueblo al este de Francia –no necesitáis saber más– hay una pequeña tienda donde se venden dulces, tartas, pasteles, bizcochos… Allí siempre huele apetitoso. Su especialidad son los hojaldres de cereza. Suena una campanilla. Es la hora, la hornada ha terminado. Su dueña, una encantadora mujer pelirroja de grandes ojos azules, los elabora con cabello de ángel y la sangre de sus víctimas.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

Retiemblan los tambores en el pueblo. Mala señal que da por terminado el equinoccio. Figuras enmascaradas danzan alrededor del fuego, mientras los niños huyen asustados a refugiarse en el regazo de sus madres. La hoguera ilumina sus grandes ojos que, incrédulos, miran a la mujer caminar sobre las brasas. El gentío grita in crescendo mientras levantan sus lanzas al cielo. El fuego se apaga y la multitud se calma. Mañana volverán a ser abogados, doctores. La vida sigue.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

La fiesta ha terminado y el pueblo recupera el pulso, la madrugada aún se resiste al sueño y una leve claridad se adivina más allá de las casetas de los feriantes. Un despertador rompe la calma y una mujer enciende la luz, tiene los ojos hinchados de sueño, el suelo es un sembrado de ropa tirada, está harta de fiestas y de días sin descanso. Cuando pone la cafetera al fuego, sonríe, confía en que pronto amanezca a pesar de todo.
Por Ángel.

 

«Los días transcurrieron. Había encontrado la razón de su existencia en aquel pueblo que casi no aparecía en los mapas, y el amor en los brazos de aquella mujer en la que no había reparado al principio. Por eso, cuando llegaron las malas noticias y la amenaza ya se cernía sobre sus habitantes, preparó sus armas para combatirla aun a costa de su vida. Pero no necesitó llegar a ese extremo. Fue fácil… Asunto terminado.»
Por Daniel A.M., del blog La narrativa de Daniel A. M.

 

El pueblo era un laberinto de calles estrechas y puertas cerradas. El color blanco de las casas me tenía hipnotizado; todas parecían iguales. Cuando caminaba en busca de una salida, observe a una mujer que corría las cortinas de una ventana. En aquella villa los secretos se guardaban tras los muros de la discreción. El día parecía que había terminado; sin embargo, algunos comenzaban a urdir la jornada en aquel instante.
Por Juan Fernández Vicente, del blog «Poemas».

 

El portazo, las maletas y salir del infierno. Todo ha terminado, el pueblo a lo lejos lamenta su partida. Nadie imaginó que detrás de las flores, de los atardeceres y la miel habría un monstruo. Ella se aleja hacia un nuevo destino, libre.
—Ramón, este cuadro es muy realista, lo expondré en la galería.
—Gracias Álvaro, he reflejado la historia de esa mujer.
Por David Coloma García, de Blog de poesía y relatos.

 

Durante las semanas que la galerna azotó la costa una pez mujer encalló en la arena. Chloe, la loca del pueblo, la socorrió en los bajíos. Escuchó bajo una luna inmadura las leyendas de sus orígenes, cómo alcanzar las tierras de su añorada infancia. La chica, días después de que todo hubiera terminado, partió en una falúa. La perdieron de vista entre las olas. Desde entonces a la playa se la conoce como el Sueño de la Sirena.
Por Carles Leo, del blog El páramo de Carles Leo.

 

¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? Rodeado, como cada tarde, de toda esta gente de pueblo que me pregunta ¿cómo estoy? ¿qué tal me encuentro hoy? Pero sobre todo… ¿quién es esa mujer? En su rostro se puede apreciar lo hermosa que es, bajo toda esa capa de tristeza que transmite al hacerme la misma pregunta cada día:
—¡Ay, Antonio! ¿Cómo hemos terminado así?
Por Aria Martínez, del blog Aria Martínez.

 

Cuando miro a través de mi ventana diminuta puedo contemplar nuestro primer asentamiento terminado. Recuerdo cómo le costó a nuestro pueblo llegar hasta aquí y formar esta comunidad. Si alguien me hubiera dicho entonces que yo sería la mujer escogida, jamás lo hubiera creído. Miro la carita del bebé que llevo en los brazos y siento felicidad. Hace solo dos semanas que soy la madre del primer marciano.
Por MJ RU1Z, del blog Eleeabooks.

 

Es ese el pueblo del que te hablé, en el que vive una mujer sola, bueno, más bien, sólo vive una mujer, nadie más. Parece que terminado el proceso de evacuación nadie, ni vecinos ni responsables. se dio cuenta de su falta. Después destruyeron el puente para evitar el regreso de quién se sintiera invadido por la nostalgia. Dicen que en los días de viento racheado se le escucha cantar y cuando la niebla se disipa la observan bailar y, por eso, creen que es feliz.
Por Mercedes Menéndez.

 

La autovía del Nordeste está bordeada por enormes árboles de roble siempre florecidos. Cuando se ha terminado de recorrer el pueblo de Sosua, en una colina hay una casa pintoresca, pintada de bellos colores donde vive una mujer con un negocio de artesanías, un bello y cuidado jardín con bancos de parque y mesitas dispuestas para uno pernoctar tomar café, un jugo o algún bocadillo y disfrutar de la belleza de la naturaleza de esa zona costera rodeada por el azul del Océano Atlántico.
Por Minerva Hernández.

 

Ya no aguantaba más. Llevaba tiempo viviendo como un náufrago, alimentándose de frutos silvestres y pescando con sus manos. Luchó por sobrevivir en condiciones extremas sin rendirse. Le costó adaptarse al medio, pero sus días de Robinson Crusoe habían terminado. Con lágrimas en los ojos, deseó poner fin a su aventura. En el pueblo le esperaban su mujer y sus hijos. Cuando regresó a la realidad, juró que jamás volvería a jugar durante una tormenta ni dudaría del poder de Jumanji.
Por Pilar Alejos, del blog Versos a flor de piel.

 

Ella era un doctora que se había mudado desde la ciudad hace algunos meses. Y además de ser la mujer más hermosa que se hubiera visto en el pueblo también era amable y gentil con todos. Pero así comenzaba siempre. Los enamoraba a todos con sus encantos y luego terminaba con sus vidas uno a uno. Al ser un pueblo tan pequeño el trabajo estaría terminado en poco tiempo, solo necesitaba ser paciente.
Por Julissa E.

 

Tiempo atrás yo empezaba a amar un pueblo. Ese paraje de sierras y montañas iba calando profundo en mí. Crecí y él creció conmigo. Hoy tiene otra apariencia, producto de lo que el hombre puede cambiar, pero su perfume, sus sierras y sus ríos son los mismos. Y esta mujer que hoy soy, es también causa de haberlo amado tanto. No ha terminado mi amor por él, sino que ha sido y es sembrado en otros corazones que lo seguirán por siempre honrando.
Por Diana Rosa Conti.

 

Siempre fuimos almas gemelas. Por eso no me extraño que, mientras pensaba en él, llegase un correo suyo. Aunque era imposible. Entre nosotros todo había terminado. Recuerdo, que la última vez que lo vi fue aquella noche en el puerto del pueblo. Para asegurarme de que no era una locura de mujer, abrí el cajón y cogí el recorte de periódico. Allí lo ponía: «ENCONTRADO EL CADÁVER DE UN HOMBRE ENTRE LAS ROCAS DEL ESPIGÓN». Menos mal, estaba segura de que lo vi caer cuando lo empujé.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Ya todo había terminado. Ya no le quedaba nada en ese pueblo más que malos recuerdos. Sería una tontería quedarse en ese lugar hostil. Recogió lo poco qué le quedaba, algo de dinero qué había escondido por la casa y se fue. Por el camino sintió como dejaba atrás la mujer qué había sido y como una nueva comenzaba a formarse en su interior. Caminando hacia su libertad.
Por Avalle Rei, del blog El mundo de Avalle Rei.

 

Nunca fui mujer de pueblo y tenía siete años .Pensé que todo había terminado. Pero entre sorpresas, altibajos y lloros me adapté. Dialogué con animales y todo se coloreó. Era un paraíso verde. Incluso conseguí un amigo. Era algo excéntrico pero muy dulce y a legre. Tenía constantes cambios de humor. Sus ojos variaban de color según sus estado de ánimo.
Por Aurora Roger Torlá.

 

Todo había terminado para mí en aquella pindia subida de la comarcal. El indicador marcaba que el pueblo estaba a tan solo dos kilómetros, pero yo ya no podía dar ni una pedalada más. Únicamente, a mí, se me ocurre probar la autonomía de mi nueva bicicleta eléctrica en carreteras de montaña. Cuando llame a mi mujer y le diga que me he quedado tirado a medio camino, sus carcajadas y bromas, van a ser épicas en la sobremesa de la comida; apostada a cuenta de esta, puñetera, bici.
Por jm vanjav, del blog jm vanjav hasta en 500 palabras +

 

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