Aprende a escribir escribiendo
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(Este reto de escritura consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Marzo:

Bien, cerebro y seres.

 

 

Mi cerebro no funciona bien. Desde luego, no como el del resto de seres humanos. Donde los demás ven texturas y colores yo solo veo palabras. Esta silla, por ejemplo, está llena de eses, íes, eles y aes. Por debajo de esas letras capitales veo otras más pequeñas que completan la información. Hace un rato se me enganchó una hebilla y he visto aparecer dos erres, tres aes, una ese, una ge, una de y una u. Así que me toca hacer un remiendo.
Por Adella Brac.

 

Perseverance está buscando restos de vida en Marte. En el caso que encuentren, supongo que no será vida inteligente. Porque vida inteligente es difícil encontrar en cualquier parte, incluido nuestro planeta. Creo que el robot que hemos enviado allí, encontrará una nota que diga: «Seres de otro mundo, llegáis tarde, nos hemos mudado a Plutón con el robot chino». Y el cerebro del tío de la Nasa que lea el mensaje pensará: «Bien (y al lado emoticonos irónicos de aplausos)».
Por Lorenzo.

 

Un escritor es uno de esos seres de los que bien puede decirse que es capaz de lo mejor… y también de lo peor. Para quienes lo ven desde fuera, escribir es algo automático, casi mágico: quien más, quien menos es capaz de estrujarse el cerebro, dejarse llevar y pulsar rítmicamente las teclas de un ordenador. Pero, ¿qué sucede cuando huye la inspiración? ¿A qué se agarra el pobre náufrago de las letras cuando su chaleco salvavidas se diluye entre las oscuras nubes del bloqueo?
Por Javier Sánchez Bernal, del blog La buhardilla de Tristán.

 

«Bien conozco el origen de los ciervos y de las hojas de otoño, cuando las flores se abren lentamente como si bostezaran bajo el sol primaveral. A mi cerebro vienen entonces ladridos de cigarras y murmullos de motores aulladores; de seres raros y sinceros como una niña de invierno triste, llorando y llorando después de romper con su verdadera amiga, o como la belleza de las plumas mojadas que salen de las alas del diablo», me respondió el eco.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

El grupo de nadadores se preguntaban: «¿Cómo aguantó tu cerebro tantas horas debajo del agua?», mientras rescataban a la náufraga.
La muchacha los miraba sin pronunciar palabra. Su cuerpo menudo permanecía ovillado en una manta, a la espera de que unos seres multidimensionales la prodigaran el mayor bien posible para recuperarse.
La pertinaz corriente la enseñó a resistir los embates, en cambio, al resto de los nadadores terminó por zambullirles en cuanto fueron presos del pánico.
Por Estrella Amaranto, del blog Blog Literario Amaranto.

 

Al entrar en el piso encontramos un cerebro tirado en el suelo de la cocina. Bien, aquello no era un buen comienzo. La estancia se encontraba excesivamente limpia y ordenada. En la habitación principal, otro cerebro, pulcramente situado en el centro de la cama. Ningún otro rastro de violencia. Aquellos seres sabían lo que hacían, pero ¿Qué era exactamente lo que querían? Lex parsimoniae, de todas las hipotesis, escoger la más sencilla. Solo necesitaban abducir el cuerpo.
Por Uxia Vázquez.

 

Bueeeno… ¿Dónde está aquí la representación sindical? Madre mía, nadie dice nada, nadie te ayuda… ¡Qué falta de compañerismo! Esto no está nada bien. ¿Quién manda aquí? ¿Es que somos una horda de seres que nos movemos por inercia? A ver, tú mismo. Quería poner una queja. Sí, una queja. Estoy harto del menú diario. ¡Un poco de variedad, por favor! Ya estoy harto de comer cerebro humano día sí y día también. ¡Y no me vengas con lo de que somos zombis! Creo que me doy de baja…
Por Igor Rodtem, del blog Lo innombrable y yo.

 

¿La escena? ¡Dantesca! El fuego consume sin distinción. Seres humanos corriendo, tratando se poner a buen recaudo alguna de sus pertenencias. El hombre de negro observa. Su cerebro trabaja a mil por hora. En la camioneta, bajo la lona azul, dos bidones. Si bien el inicio fue un éxito, aún tiene que prender el almacén de Zacarías. Cuándo la cuadra quede reducida a cenizas, él podrá cobrar el trabajo. “Sin muertos”, era la consigna, pero algunas cosas son inevitables.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Seres incorpóreos venidos de otras dimensiones juegan con nosotros. Los he visto suplantarnos. Mudar de personalidad, como se cambia de chaqueta. Mi hermana ―«bueno»― pregunta si me encuentro bien. Sobre la mesilla deja el agua y la medicación. No contesto, es uno de ellos. Elsa nunca llevaría coletas. El cerebro me hierve. Ayer, aún habría luchado, hoy he perdido la esperanza. Derrotado tomo la pastilla. Mi alma se llena de luz y ya no tengo que esconderme, soy uno más.
Por Ángel.

 

Al ojear algunos fragmentos de la Historia Natural de Plinio el Viejo, bien conocido por sus estudios e investigaciones, descubro que más allá de los montes Emodio, del Himalaya, se encontraba el pueblo Seres.
Famosos en el mundo clásico por ser los primeros en comercializar la seda obtenida de sus bosques. Ellos fueron el cerebro de la ruta de la seda. Me divirtió leer que para Plinio el Viejo, este comercio fue culpable de que las doncellas romanas hicieran alarde de su vestime
Por Rosa Boschetti, del blog Rosa Boschetti.

 

Él era uno de esos seres encallados en la daga día y noche, invisibles al resto de los supervivientes. Su cerebro echaba humo rojo en cada cortocircuito, las vías acusaban la nieve salada en este invierno perpetuo. Estar bien era una utopía, arena esfumada en el puño de cada día. Desde aquella noche, la vida había descarrilado y seguían las estaciones en luto en cada visita.
Por David Coloma García, de Blog de poesía y relatos.

 

Todo va bien, me digo a mí misma mientras contemplo esa escena de fantasía tomar forma ante mí. Todo es una broma pesada de mi cerebro. La magia no existe, me vuelvo a repetir. Pero los diminutos seres que sobrevuelan a mi alrededor no parecen estar de acuerdo, yo tampoco lo estaría. Vienen hacia mí, desprendiendo su polvo de hadas que me hace volar hasta las estrellas. Vuelo por el cielo hasta que caigo dormida.
A la mañana siguiente todo es normal. Sólo ha sido un sueño.
Por Do.Lobera, del blog Do.Lobera.

 

Poco a poco la luz volvió, las cosas suspendidas en el aire cayeron haciendo mucho ruido, todos estábamos bien o eso pensé hasta que noté que el hombre del camión yacía tirado en un charco de sangre, el guardia de la tienda del camino se acercó al cuerpo, le faltaba el cerebro lo que horrorizó a todos. Más allá, en la semioscuridad se notaba como los seres que vinieron por él se marchaban sin mirar atrás
Por Katalina Camus, del blog Ambiente virtual.

 

Siempre habíamos sabido bien que había algo perverso en la televisión. La llamábamos caja tonta o mataneuronas. El instinto nos hablaba del peligro que escondía.
Los seres entraron en nuestro mundo a través de ella. Su anatomía de otra dimensión, que recuerda a una larva de mosca con alas de avispa, no es tan aterradora como su alimento. Se introducen por el lagrimal, reptan hasta el cerebro y lo devoran sin que lo percibamos, volviéndonos más zombis cada día.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Aquellos seres nos prometieron que todo iría bien y les creímos. Fue el primer paso hacia el abismo. Desde su llegada nada volvió a marchar como debía pero insistíamos en hacer como si no importase. Ese fue el segundo. El tercero y último —la conversión en masa— acabó por destruir nuestra civilización.
Ahora el cerebro de los conversos les pertenece y solo quedamos un puñado de «residentes» en el planeta.
—Somos Futura y… ¡¡RESURGIREMOS!!
Por MJ RU1Z, del blog Eleeabooks.

 

Bien por una o por otra razón, hay seres que son desgraciados gran parte de su existencia. Daniel «Dinamita Boom Boom» era uno de ellos. A él le acompañaron los golpes desde su nacimiento cuando la prostitución lo abandonó en un hospicio. A puñetazos logró abrirse camino. Así, consiguió éxito, fama y dinero. Pero la vida lo vapuleó de nuevo y lo lanzó al abismo. Allí, con su cerebro perdido en su cabeza, la muerte lo encontró abrazado al olvido y la locura.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Línea blanca continua, frontera entre la vía principal, con esos seres con prisa, y la cuneta, que acoge aquello que se aparta, bien podría semejarse al cerebro con sus dos secciones, la racional y la emocional. Sin opción a elegir, cada día lento recorrido, esquivando los baches y disfrutando las bajadas con el viento fuerte en la cara. Miradas cruzadas a diario que desaparecieron hace un año, han ido reaparecieron sobre el nuevo escudo, todas estaría bien, pero no todas están.
Por Carmen, del blog Propuestas and made.

 

No pensé que me darían muchos problemas porque no les doté de mucho cerebro. Vamos, que son medio tontos, sólo un poco más inteligentes que el resto de los animales. Pero las contrariedades que me han ocasionado son inenarrables. ¡Qué harto estoy de ellos! Pues bien, lo reconozco: cuando creé a los seres humanos, me equivoqué.
Por Plácido Romero, del blog Placidario.

 

El grandullón caminaba como un autómata con una cajita entre las manos. Sonreía indiferente, ante seres animados e inanimados por igual, con una mueca bobalicona que desfiguraba su rostro. Nada parecía importunarle. Para bien o para mal, ya no le azotaban las dudas, ya no pensaba en cosas horribles, ya no anhelaba la noche agazapado entre sombras.
Ya no necesitaba el gorro de papel de plata ahora que su cerebro, colmado de malos pensamientos, palpitaba desde el interior de la cajita
Por El hombre de la cajita, del blog Grafito en lágrimas.

 

Se anudó la corbata frente al espejo y se enjugó una lágrima traicionera. Se sacudió la verdad de los hombros, los cubrió bien con una capa de determinación y salió de casa, como todos los días, para ir a trabajar. Mientras esperaba al ascensor, los seres que vivían en su cerebro jugaban al escondite. Se apoyaban aquí y allá, movían esto y lo otro hasta que uno de ellos, sin darse cuenta, hizo saltar los plomos. El ascensor, cansado de esperar, volvió a bajar a la planta 0.
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.

 

Lizan estaba en la taberna «El potro mareado» cuando llegó uno de los cazadores que partieron a acabar con la amenaza que les acechaba desde las sombras. Estaba asustado, hablando a gritos y repitiendo la palabra «Reiven». Explicó que uno era muy grande y que la mayoría de las crías habían muerto.
—¿Dónde se encuentran? —Lizan le interrumpió alzando la voz.
—En la Cordillera Alta, capitán.
—Bien —dijo incorporándose, espada en mano—. Yo me encargaré de esos seres sin cerebro.
Por Sandra Adrián.

 

Oscuridad. Es lo único que encuentro al despertar. No me siento bien, me pesan los párpados, lo que me impide abrir los ojos y siento un profundo taladro perforándome el cerebro. Poco a poco los recuerdos de lo que pienso que sucedió anoche, se van agolpando en mi mente como distintos flashes sucesivos de una película ajena. El callejón oscuro, aquellos dos seres siniestros saliendo de pronto a mi encuentro, más oscuridad hasta que el rojo sangre lo invadió todo convirtiéndome en uno más de ellos.
Por Eris Morgenstern, del blog Eris Morgenstern.

 

El mundo se arrojó al vacío, un poco antes de arder en su desquiciada consciencia; ese monstruo de muchas cabezas y poco cerebro, que finalmente se devoraba a sí mismo al morir. Todos los seres que allí vivían, también, cayeron al abismo; junto a sus prejuicios del bien y el mal, agarrados a sus seres queridos y a sus enemigos cercanos. Un final frío, crudo, previsible… sin aparentes testigos.
Por Juan Fernández Vicente, del blog «Libros con Dos Alas por JFV».

 

No había pruebas de que aquellos seres tuvieran cerebro, o al menos, que supieran usarlo. Si bien ellos alardeaban de su inteligencia, sus acciones demostraban lo contrario. Las noticias que nos habían llegado hablaban de una raza superior, pero sin duda tendremos que dar media vuelta y seguir buscando. Nada importante hemos sacado de nuestro viaje a la Tierra, será mejor volver a nuestra Galaxia. Esos humanos han resultado una completa decepción.
Por Amanda Vilas, del blog Escondida entre nubes.

 

Bien empieza lo que bien acaba, eso decían los sabios, los grandes pensadores con gran cerebro, seres increíblemente inteligentes, pero no todo lo que comienza bien en esta vida puede acabar bien, cualquier contratiempo puede culminar con toda una carrera de alegrías, siempre hay altibajos y más bajos que altis… Hola me llamo Lucifer y esto y más vivo que muerto.
Por Carlos Gonzalez.

 

En el ocaso de su vida el anciano, aún padeciendo el aislamiento, lo único que quería y manifestaba, desde su sabiduría, era poder ayudar a sus seres queridos. Siempre dispuesto su corazón, siempre alerta a las necesidades de su gente, su cerebro no registraba el encierro que los acontecimientos actuales imponían y su empeño por servir le daba ese toque necesario para vivir. Hacer el bien posible había sido, y aún hoy era, su misión.
Por Diana Rosa Conti.

 

Supo que algo no iba bien cuando despertó y vio a aquellos seres escudriñando sus cosas. Su cerebro se mantenía activo, pero su cuerpo se negaba a obedecer. No podía moverse ni gritar para llamar su atención. Aunque escuchaba voces a su alrededor, no entendía lo que decían. Poco a poco, las imágenes afloraron nítidas en su memoria: una travesía arriesgada, una tormenta que golpea con gigantes de mar y un silencio roto por aquel batir de olas que lo mecieron hasta su lecho de arena.
Por Pilar Alejos Martínez, del blog Versos a flor de piel.

 

El cerebro de los diminutos seres registró de inmediato la presencia del pintoresco objeto posado sobre la superficie. Desde el obligado confinamiento en ciudades subterráneas nada había alterado sus vidas. Si bien tardaron en replicar y perfeccionar la existencia de su ambiente natural, estaban satisfechos. La población no podría reproducirse pero vivirían eternamente. El Perseverance ni siquiera lo sospecharía.
Por Saricarmen, del blog Desde el cielo.

 

Los seres humanos, por muy cuerdos que debamos parecer o incluso ser, carentes de una loca imaginación en nuestro cerebro solo seriamos vegetales con patas. Sin esa capacidad para poder volar hasta el infinito y más allá; con la frustración, la depresión, la amargura, la desesperación, o alguna otra de esas cabronas parejas tan fáciles de ligar en pleno abatimiento; bien podríamos acabar de luna de miel en un sanatorio mental, abandonados a nuestra mala suerte y para los restos.
Por JM Vanjav, del blog jm vanjav hasta en 500 palabras +

 

¿Qué tipo de seres eran son estos que puedo reconocer en mis sueños? Todos los días se despertaba sobresaltada empapada en su propio sudor realizándose esa pregunta. A tal llegó su obsesión, que irse a dormir le generaba un gran malestar. Su cerebro le pedía descansar pero su miedo no lo permitía. Algo tendría que hacer por su propio bien.
Por Arekkusu.

 

No parecían seres de nuestro planeta. La infección les había dejado tal aspecto que perfectamente podrían pasar por uno de esos personajes de un planeta de otra galaxia. Lo único que les funciona bien es el cerebro. Y menos mal, si no fuese así tendríamos serios problemas.
Aún así, no sé hasta qué punto no habremos creado otra especie. Tendremos qué esperar hasta que se adapten y se reproduzcan. Temo que el gobierno quiera deshacerse de ellos si muestran alguna peculiaridad…
Por Avalle Rei, del blog El mundo de Avalle Rei.

 

31 de marzo, hora 23:50 pm. Enfrente de un folio en blanco…
Muy bien, seres de mi cerebro, mal llamados neuronas, necesito inspiración para el cinco líneas de este mes, y dada la fecha en la que estamos la necesito con urgencia. Vayan poniéndose las pilas que se dice vulgarmente y saquemos un texto medianamente decente que se pueda presentar sin perder la dignidad, que uno ya no tiene edad para pasar vergüenza. He dicho.
Por Nahnnuk.

 

Mi estadía en el planeta Tierra como un adolescente, estudiante de liceo, ha dejado mucho que desear. El presidente del centro de ciencias es reacio a los experimentos, no logro entender; será difícil ayudarlos, pues no avanzamos en ninguna dirección. Limitó todas mis acciones, ni siquiera a escondidas me permitió hacer algo. A fin de cuentas se trata de seres humanos y, es bien conocido, que utilizan un porcentaje muy bajo de su cerebro.
Por Óscar Quijada Reyes, del blog Unas páginas más.

 

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