Aprende a escribir escribiendo - blog
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(Este reto de escritura consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE BRONCE; Diana Rosa Conti y Uxía Vázquez.

 

¡Enhorabuena a las dos!

Mayo:

Problema, fuerza y ojo.

 

 

He llevado un parche en el ojo izquierdo desde que tenía tres años. Mi tío insistió en que debían ponérmelo. Era médico, así que no se le discutió la decisión aunque nadie parecía tener claro el problema. Pero ahora que ha muerto, mi nuevo médico ha dicho que el ojo está sano y no necesito llevarlo tapado. No me adapto. Tengo que parpadear con fuerza porque veo demasiado bien. Veo cosas que no deberían estar ahí. Y ellas también me ven.
Por Adella Brac.

 

Sólo tiene un ojo, pero que ojazo. Es una mujer atlética (por cierto, a ver si ganan la Liga), valiente, lista, y guapa, o más bien atractiva. Es una fuerza de la naturaleza (me encanta esta frase). Trabaja con un equipo variopinto y peculiar, y Bender es el mayor ejemplo. Si hubiera que citar un problema, éste sería el cretino de Fry, que realmente es un poco pesado… entrañablemente pesado.
Por Lorenzo.

 

Despertose al alba, decidida a zanjar el problema.
Marchose de buena mañana, cabalgando hacia la frontera.
Al hombro una espada bastarda, al cinto una fina ropera.
Atrás dejaba a su amada, al frente una hazaña incierta.
Hallose de pronto emboscada en medio de una vereda.
Odiaba mancharse el alma, asiendo vilmente la fuerza.
Alzose presta en batalla, sin temor a ser muerta.
Mandoble contra una falcata en satisfacción por la afrenta
El ojo por ojo imperaba y a su paso sembraba ceguera
Por Dama justiciera, del blog Grafito en lágrimas.

 

«He debido dejar la llave puesta», pensé al no encontrarla en mis bolsillos tras una temporada en el hospital.
Pulsé el timbre varias veces hasta que un hombre semidesnudo y descalzo abrió, me guiñó un ojo, y a fuerza de insistir, me convenció de que siempre había vivido allí.
Ella nunca gastaba bromas, no era su estilo, ni tampoco echarse un amante. O eso es lo que creía yo.
Tenía un problema, mis experimentos de física cuántica verificaban que estaba en un universo paralelo.
Por Estrella Amaranto, de Blog Literario Amaranto.

 

«No fue problema mío, yo guiñé el ojo con toda la fuerza que pude; sólo hice lo que él me pidió. No entiendo cómo pudo explotar la hoja de papel. Acababa de empezar a escribir un cuento –sólo llevaba unas pocas líneas– y el hombrecito apareció de la nada, como surgiendo del papel. “¡Rápido, rápido, guiña el ojo derecho con todas tus fuerzas… me persiguen!”, me gritó. Yo guiñé como en un acto reflejo y él se esfumó y mi hoja de papel explotó», eso les dije a los bomberos, doctor.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

Ninguno de los dos esperaba que en ese día soleado las nubes quedaran negras. Mar adentro la fuerza del agua se manifestaba indomable. El romántico velero acabó en un amasijo de cuerdas, ganchos, ropas, y sueños hechos trizas. Para un par de tortolitos inexpertos representaba un gran problema. Intentando organizar el caos para no zozobrar, se horrorizaron de que alguien sumergido les observaba. Al agacharse para ver mejor, una pelota blanca salió de repente a flote: era un ojo.
Por Carla Guerrero, del blog Está escrito.

 

—¿Cuál es tu problema? ¿Por qué no dejas de destrozar todo?
—¡Tú! ¡Mi problema eres tú, que no dejas de darme órdenes todo el rato! ¿Y qué si tengo demasiada fuerza? ¿Por qué no puedo utilizarla?
—¡Casi le sacas un ojo a tu sobrino!
—¡Hubiese tenido más cuidado!
—¡¡¡Lo estabas lanzando de un lado a otro!!! ¡Él no podía hacer nada!
—Ale, a la mierda. A la próxima no me pidas que juegue con él.
—¡Eso no es jugar! ¡¡¡Espera!!! ¿A dónde vas?
Por Agnes Loriga.

 

Me guiñó el ojo y se me crispó el pelo. ¿Quién se creía que era? Apenas nos conocíamos y ya se venía con zalamerías. No quería hacer un problema así que lo ignoré. Pero el desgraciado, con una sonrisa sugestiva, ¡no paraba de frotarme el entrecejo! Si tuviera más fuerza, lo cogería de los dedos con mis dientes y lo sacudiría de un lado al otro… Finalmente me dejé pinchar. ¿Qué más puede hacer un pudoroso conejillo ante los chiflados de batas blancas?
Por P. Emmerich, del blog P. Emmerich escribe.

 

La noche se iluminaba cada tanto por los rayos de la tormenta que azotaba el lugar, una tormenta diseñada para ocultarlo. Él vino desde muy lejos para resolver un problema, ese problema y no se iría sin completar su misión. Fue seleccionado por su fuerza que podía sentirse casi como la tormenta misma sobre el viejo caserío. Ya en el ojo, donde todo parece aquietarse, descubrío a su objetivo acurrucada bajo una mesa. Era el momento para terminar con el asunto y regresar a casa.
Por Katalina Camus, del blog Ambiente virtual.

 

La nave, contrarrestando la fuerza de marea, entró en órbita del gigante gaseoso a la hora estimada. Para entrar en rotación sincrónica la tripulación maniobró sobre la gran mancha roja y esperamos la apertura del ojo de la tormenta. Aún faltaban 21 días jovianos según el mensaje que recibimos en la Tierra. Aunque mis subrutinas encontraban un problema irresoluble: el único receptor del mensaje había sido el dalái lama en el Tíbet.
Por Carles Leo, del blog Curioso por vocación.

 

Un peligroso esteroide se avecina contra mí, uno que no puede causar más problema, que el que ya tengo encima, necesito tomar aire antes de enfrentarme a otra fuerza de la naturaleza más. Quiero estar ojo avizor y preparado para poder vencer a mis dos retos, que sin mis dos miedos, el quedarme solo y no saber qué hacer después…
Por Carlos González.

 

Él tiene la fuerza y el poder de los siete mares. Él es la solución al problema racista que enfrenta a las siete razas del mar. Él todavía no lo sabe, pero mi tercer ojo lo ve, mi sexto sentido también lo intuye. Poseidón ha vuelto, larga vida al Dios del Mar.
Por Do.lobera, del blog Do.Lobera.

 

Este ojo no funciona bien. El izquierdo, digo. El otro parece que no tiene ningún problema. Pero este… No es que vea borroso con él ni que pierda fuerza o intensidad al mirar de cerca o de lejos. Simplemente es que se niega a ver según qué cosas, como si tuviera vida propia y se le antojara qué ver y qué ignorar… Perdona, no te he oído bien… ¡Mierda! Creo que ahora el oído izquierdo también se une a la causa…
Por Igor Rodtem, del blog Lo innombrable y yo.

 

Las noches que había brócoli para cenar, mi madre nos contaba que una vez, una tía abuela suya sufrió un grave problema de estreñimiento. Agotaron todos los remedios posibles y la pobre, no lograba hacer sus necesidades. Tras no sé cuántos días sin éxito, una mañana sentada en el retrete apretó con tanta fuerza, que un ojo le salió disparado contra la pared. Mi hermana y yo siempre dejábamos el plato limpio.
Por Pedro Merchán, del blog El cuaderno de Pedro.

 

El problema, querido John, es que ¡se te va la fuerza por la boca! Y ojo, porque ya ni siquiera estoy enfadado contigo… tampoco decepcionado. Creo que el vaso de mi paciencia se colmó hace tiempo. Así que, en fin, ya sabes lo que dicen: uno es dueño de sus silencios, mas es esclavo de sus palabras. Te deseo suerte porque, sin duda, la vas a necesitar y deseo de corazón que culmines con bien el desafío, pero no me pidas que lo entienda, ni mucho menos que lo apoye. Hasta aquí llegué.
Por Javier Sánchez Bernal, del blog La buhardilla de Tristán.

 

El ojo del huracán arraso con la esperanza, cuando aún quedaba algo. Con la fuerza de un ciclón su estirpe barrio la vida de norte a sur y de este a oeste. A su paso las calles quedaron solas, pero limpias; sin un solo problema que resolver o un triste charco que pisar. En tiempos de primeros auxilios un tornado se llevó lo que sobra, como un eclipse se lleva la luz del día. Y después llego la lluvia… cuando más falta nos hacía.
Por Por Juan Fernández Vicente, del blog «JFV, poesía de 24 kilates».

 

Las aguas del mar se tiñen de rojo mientras el sol se oculta en el horizonte. Viviano tiene un problema, es tímido. No tiene la fuerza para decirle a San Juana sus intenciones. La mira por el rabillo del ojo, y siguen caminando sobre la arena. Es incapaz de seguirle la plática, su cerebro da vueltas y vueltas, hasta que nota el silencio. Ella se ha quedado callada. ¡Es ahora o nunca! Carraspea limpiándose la garganta y pregunta; ¿Tendrás el dinero que me debes?
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Hablaban, distraídos entre ellos. Mis piernas cansadas no son un problema si se les pide sigilo, era el momento de empezar a moverse. Esto es un arte de sutilezas y no es precisa la fuerza. Avanzaba, nadie miraba. La gente cuando espera parece aletargada. La muchacha me sonrió e hizo el ademán de ir a cobrarme.
¡Ojo!, aquel «¡Oiga, no se cuele!» no fue una frase cualquiera, sonó como un disparo y para no discutir, me dejé caer fulminado, como si hubiese muerto.
Por Ángel.

 

«Ojo por ojo y diente por diente». La ley del Talión colgaba en el letrero. A Roel nunca le había supuesto un problema hasta hoy. Jamás quiso utilizar la fuerza, pero allí estaba, obligado a hacer algo que no quería. Pero… ¿Hasta que punto tenía que obedecer? Si quería seguir formando parte del grupo debía someterse a sus normas. La otra opción era huir, y ser de nuevo un individuo. Otra vez solo y perdido, teniendo que tomar sus propias decisiones. Cogió el hacha y cortó el dedo.
Por Uxia Vázquez.

 

Ojo, no vayas a pensar que con la fuerza resolverás el problema. Ésa es la primera estrategia en la que uno piensa y la primera que siempre falla. Luego viene pensar en otras formas más sutiles de conseguir nuestros objetivos y escapar de las posibles y no deseadas consecuencias. Haciéndonos más sibilinos, retorciendo la realidad hasta convertirla en algo a nuestro favor. Es el arte de la mentira. El arte de la palabra.
Por Nahnnuk.

 

Cira, tuerta como era, me miró, astuta, felina y burlona, con su único ojo. Después enroscó la cola alrededor del cuerpo y se puso a roncar. El problema lo tenía yo, pues era a mí a quien iban a quemar por bruja al atardecer, a pesar de haber proclamado con fuerza mi inocencia. Pero los jueces eran demasiado arrogantes y simples para reconocer a la verdadera bruja de esa celda. Confiaba en que la ancestral sabiduría de Cira me salvara… cuando despertara de su siesta.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Me gusta contemplarla con el vestido rojo, su preferido. Le queda tan bien marcando sus curvas. Aunque lo que me encanta son sus ojos. Me relajan. No sé si es por la fuerza de su mirada o porque tiene cada ojo de un color diferente. Si alguna vez estoy nervioso o tengo algún problema, los observo y encuentro la paz. Después, los coloco de nuevo en su hermética caja de cristal y los guardo en el congelador.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Aquel hombre llevaba un parche en el ojo izquierdo. Decían que había sido por una pelea. Un tipo cualquiera agarró un lápiz con fuerza y se lo clavó. Eso decían. También decían que luego se había cargado a dicho tipo. Así se había ganado el papel de tipo duro.
Lo malo de las mentiras es que te llevan a un problema más grande, y aquel ladrón de poca monta con una infección ocular severa no estaría ahora moribundo en el suelo de su celda si no hubiese querido aparentar lo que no era.
Por Amanda Vilas, del blog Escondida entre nubes.

 

Estaba convencido de que tenía poderes. Cada día colocaba un objeto frente a él, lo miraba fijamente y canalizaba sus pensamientos con fuerza. Nunca pasaba nada.
—Chico, para un poquito con eso. Casi perdiste un ojo aquel día con la cuchara, ¿quieres acabar con un problema de vista? – dijo su madre.
—Déjame, tú no eres como yo – respondió. Concentró su mirada de nuevo y deseó que se moviera. Su madre lo llamó y se giró para protestar. En ese momento, el cuaderno cayó de la mesa.
Por Sargow, del blog Estantería compartida.

 

Hablaba conmigo misma, o quizás lo hacía con mi viejo. «¡Ojo! No me falta la fuerza, solo que ahora debo lidiar con un dejo de orfandad, más allá de mi edad el hecho de ya no tenerlos me deja solitaria en cierto punto. Sé que debo tomar la posta que han dejado, e intentar hacer los metros de vida que resten lo mejor que pueda. Con tu guía no tendré problema. Hoy descanso, lo necesito papá, luego seguiré sus huellas. Amor no falta».
Por Diana Rosa Conti.

 

Sangra la cuna, los árboles flaquean ante el metal y galopa la degeneración a pasos agigantados. Los ojos no quieren ver el reloj marcando la agonía de los hermanos, las sandías desérticas y no interesa al amarillo imperante la restauración y que se resuelva el problema. Perdemos la fuerza, aquella que tuvimos cuando empezamos a explorar desde aquí, porque fue este el lugar de partida.
Por David Coloma García, de Blog de poesía y relatos.

 

El problema no era ella. Su fuerza no estaba pérdida. Ella pensó en dejar todo y volverse poeta porque si las palabras hablaran ella cantaría con ellas, si solamente pudiera ver su belleza interna; esa que se está apagando poco a poco por causa de la dudas, si ella pudiera ser flecha para volar veloz… Pero ella es la única que puede salvarse de sí misma porque el accidente se llevó a su madre y una parte de ella. Ahora ella observa al mundo con un solo ojo.
Por Angélica Rodríguez, del blog Mis pensamientos vuelan.

 

—¡Te he dicho mil veces que es mi problema! —adivinó a escuchar entre el vacío generado por la fuerza de impacto.
Lamentablemente era una escena que se repetía más de lo deseado y sus lágrimas volvían hacer acto de presencia sobre sus mejillas. Al mirarse en el espejo, pudo apreciar en su ojo el resultado de aquella discusión. Ella era la adulta y sabía que tenía que dar la solución al problema, pero no sabía como hacerlo sin perderle definitivamente.
Por Arekkusu.

 

Levanté mi martillo más grande y lo dejé caer con fuerza sobre la escultura. No me detuve hasta sesgar por completo la mitad superior de la cabeza. Mi idea inicial no era ésa pero, sobre la marcha, tuve que improvisar. El resultado no me disgustó, por lo menos me había librado de aquel ojo inquietante que me seguía por toda la habitación. Esperaba en secreto que el problema se detuviera ahí aunque…
La estatua deconstruida movió una mano.
Por MJ RU1Z, del blog Eleeabooks.

 

El problema es el de siempre. Por mucha fuerza que uses en tus palabras, la maña es una ciencia que no se domina de la noche a la mañana; y fallas. Hay que tener mucho ojo con no perderse en el ímpetu que te empuja a vomitar palabra tras palabra. Hay que saberse frenar, y descubrir la fuerza inagotable que tiene esa hoja en blanco a la que te enfrentas. Respirar hondo, estirar la espalda, hacer crujir el cuello si hace falta y saber tirar el primer folio por el retrete, sin llorar,
Por Ángel García Riol, del blog Primobici.

 

Halcón se frotó el ojo derecho con fuerza. No quería que Éron le viera llorar. En aquella habitación, iluminada por una pequeña lámpara de aceite, se sentía feliz: iba a tener una familia. El problema era Mole, el grandullón del grupo. ¿Cómo explicarle que se había enamorado de su hermana y que quería compartir su vida con ella? Al fin y al cabo, era solo un huérfano sin mucho que ofrecer. Recordó entonces las palabras de Ysae: «No hace falta decirle nada, Nónheim. Lo sabrá».
Por Sandra Adrián.

 

Cerré uno de mis ojos para ver mejor. Después me mordí el labio inferior para darle mayor precisión a la tarea. Un gesto inútil, lo sé, pero me ha funcionado antes. Ahora el problema es controlar mi fuerza para que el hilo entre en el ojo de la aguja. Siempre que vengo a saludar a mi abuela tengo que hacer cosas como esas. Ella cree que con eso me mantiene ocupado y así no interrumpo su monólogo eterno sobre lo bueno que era mi abuelo y cuánto lo extraña.
Por Francisco Velandia, del blog Pacho escribe.

 

Sé que mamá quería lo mejor para mí, pero se puso tan pesada que ignoré sus advertencias. No logró hacerme desistir. Vestida para la ocasión me dirigí a la carretera. Empezaba a anochecer y no quería llegar tarde. Ocupé mi sitio en medio de la oscuridad. Me coloqué junto al arcén con el pulgar en alto. Las luces me cegaron a toda velocidad, pero guiñé un ojo con fuerza. Pude ver con claridad el problema. No se puede cambiar el destino. Y todo volvió a suceder como aquella noche.
Por Pilar Alejos Martínez, del blog Versos a flor de piel.

 

«A mí me parece que el problema lo tiene en el ojo» dijo con gravedad el primero. «Pondría la mano en el fuego por la espalda» aseveró el segundo. «Dejadme que os diga que el fallo parece haber estado en la fuerza con la que la hemos colocado» comentó el tercero. Por mucho que debatieron, no dieron con la razón por la cual se había quemado la lubina, pero teniendo en cuenta su corta edad, yo diría, sin miedo a equivocarme, que fue todo cuestión de minutos.
Por Aurora Rapún, del blog La historia está en tu mente.

 

Le volví a echar un ojo al interior de la mochila, confirmando mi primera impresión, la llave no estaba. Menudo problema se me presentaba en una noche ya tan cerrada como mi cabaña. Empujando con toda mi fuerza intenté que cediera la maldita puerta, extenuado extendí en el porche el saco de dormir asumiendo mi derrota. Acostado al raso, las estrellas, iluminaron mi memoria. ¡Guardo una llave en la contraventana! Por la mañana la usaré, esta noche dormiré con mis titilantes amigas.
Por JM Vanjav, del blog jm vanjav hasta en 500 palabras +

 

Ayer volvía a ver el ojo. Cada vez es más grande. En esta ocasión ocupaba casi toda la pared de mi habitación: dos metros de diámetro con un iris marrón oscuro, esclera plagada de derrames y una mirada de tal fuerza que parecía atisbar mi alma. Todo comenzó cuando vino la policía a casa y les dije que no había visto nada. Al día siguiente empezó lo del ojo. Un problema que me perseguirá hasta que confiese la verdad. Pero es difícil, porque ¿cómo admitir que uno es su propio asesino?
Por Pepe, del blog Entre unas cuatro esquinas.

 

Teníamos un problema, llevábamos siete días atrapados en terreno enemigo y la única manera de salir de allí con vida se alejaba de nosotros cada vez más. La fuerza qué nos caracterizó, se fue apagando con el paso de los días en esta batalla inútil. Cuando ya pensábamos lo peor, escuchamos a lo lejos el ruido de los tambores. Roy, con su único ojo, observó el horizonte y la esperanza volvió a nosotros. Habían conseguido avisar a nuestros compañeros y venían a salvarnos.
Por Avalle Rei, del blog nombre del blog.

 

El rasgón del bolsillo en su abrigo le recuerda el problema y el susto vivido. Caminaba hacia casa cuando por el rabillo del ojo vio que alguien se acercaba por detrás. Sintió la presión de un objeto agudo en su espalda. Asió con fuerza su cartera y resistiendo un gran tirón bajó hacia la calle, girándose, dispuesta a dar pelea. Para su alivio dos personas aparecieron por la esquina y, en ese instante, el par de jovencitos se esfumó.
Por Saricarmen, del blog Desde El Cielo.

 

La pequeña de la casa ha cumplido dos años, sus primeros pasos comenzaron llenos de ilusión, mientras su hermano mayor llegaba a la mayoría de edad y ambos con fuerza superaban sus retos. El problema radica en acompañarlos, como antes hicieron con nosotros y mostrarles la dirección para encontrar el asombro y disfrutar de la vida cotidiana, manteniendo un ojo puesto en su camino mientras despliegan sus alas y echan a volar.
Por Maria, del blog Propuestas and made.

 

La alarma suena como cada mañana, sin embargo aquella vez tuve que hacer acopio de una fuerza sobrenatural para levantarme. Toda la noche dando vueltas a aquel problema. Entré al baño y palpé el interruptor de la luz me extrañó cuando no se encendió. Tuve que mirar al espejo, aquel gran enemigo desde que era pequeño. Y fue entonces que lo vi, aquel ojo que me seguía e iluminaba toda la instancia.
Por Eris Morgenstern, del blog Eris Morgenstern.

 

Cuando las decisiones son difíciles un día puede dejar de ser bueno, quizás requiera reunir toda la fuerza y la voluntad que se tienen. Al analizar el caso de manera objetiva he notado la negligencia de quien fue hasta hace poco fue mi mejor empleado. Dejó de tener el ojo enfocado en los asuntos fundamentales de seguridad y producción para convertirse en un problema. Si yo lo hubiese notado a tiempo tal vez evitaría ese nefasto accidente.
Por Óscar Quijada Reyes, del blog Unas páginas más.

 

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